La reciente escalada de tensión geopolítica ha puesto al mundo del deporte en alerta. Tras la operación militar lanzada por el gobierno de Estados Unidos en territorio venezolano, que resultó en la captura del presidente Nicolás Maduro, han surgido múltiples interrogantes sobre la viabilidad de que el país norteamericano mantenga su estatus como sede principal de la Copa del Mundo 2026. A pocos meses de que inicie la justa mundialista, la comunidad internacional observa con lupa la reacción de la FIFA ante un evento que rompe con la estabilidad diplomática en el continente.

EL REGLAMENTO DE LA FIFA Y EL PRECEDENTE DE RUSIA

Aunque los estatutos de la FIFA promueven la neutralidad política y la independencia de las federaciones nacionales (en este caso, la US Soccer), el organismo tiene la facultad de intervenir cuando las acciones de un gobierno comprometen la integridad o la seguridad de sus competiciones. El antecedente más inmediato y drástico es el de Rusia en 2022. Tras la invasión a Ucrania, la FIFA y la UEFA decidieron excluir a la selección rusa y a sus clubes de toda competencia internacional, argumentando que el conflicto bélico impedía garantizar condiciones justas y seguras para el deporte.

Sin embargo, los analistas deportivos sugieren que el escenario con Estados Unidos es complejo. A diferencia de lo ocurrido con Rusia, donde hubo una presión masiva de las federaciones europeas para no jugar contra ellos, la relación entre Gianni Infantino y Donald Trump parece mantenerse sólida. Hasta el momento, el máximo organismo del fútbol no ha emitido un comunicado oficial sancionador, y se estima que apelarán a la histórica máxima de “separar el deporte de la política” para evitar un caos logístico y financiero que supondría cambiar la sede a estas alturas.

POSIBLES ESCENARIOS Y PRESIÓN INTERNACIONAL

Pese a la falta de una sanción inmediata, el riesgo de un boicot internacional sigue latente. Países aliados de Venezuela o naciones que condenan la intervención militar podrían ejercer presión sobre la FIFA para trasladar los partidos programados en suelo estadounidense a las otras sedes compartidas, México y Canadá. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ya ha manifestado su condena a la intervención, citando la Carta de las Naciones Unidas, lo que añade una capa de tensión política entre los propios organizadores del torneo.

Si la tensión continúa escalando o si se presentan dificultades para el libre tránsito de selecciones y aficionados debido a las condiciones diplomáticas, la FIFA podría verse obligada a activar protocolos de emergencia. Por ahora, el Mundial 2026 sigue en pie en sus sedes originales, pero la sombra de la inhabilitación planea sobre Washington, dependiendo de cómo evolucione el conflicto y de cuánta presión social y política reciba el Consejo de la FIFA en las próximas semanas.

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