El municipio de Salamanca, Guanajuato, vuelve a ser el epicentro de la tragedia tras un ataque armado que dejó 11 personas muertas durante un encuentro deportivo. Este incidente no es un hecho aislado, sino que se suma a un historial oscuro de violencia en partidos de fútbol en Salamanca. Lo que debería ser un espacio de sano esparcimiento familiar se transformó en una escena de horror, donde las ráfagas de fuego silenciaron el silbato del árbitro y sembraron el pánico entre los asistentes.

Testigos del ataque describieron momentos de caos absoluto mientras las familias intentaban protegerse de los proyectiles. La violencia en partidos de fútbol en Salamanca ha escalado a niveles alarmantes, evidenciando la vulnerabilidad de las canchas locales ante el crimen organizado. Hasta el momento, las autoridades de la Fiscalía General del Estado de Guanajuato trabajan en la identificación de las víctimas, mientras la sociedad civil exige justicia ante una inseguridad que ya no respeta ni los espacios comunitarios más básicos.

Historial de ataques y situación de los heridos

Además de las víctimas fatales, los reportes médicos indican que seis personas heridas permanecen hospitalizadas tras el tiroteo. El registro de la violencia en partidos de fútbol en Salamanca muestra que este “modus operandi” se ha repetido en diversas colonias, convirtiendo el deporte amateur en una actividad de alto riesgo. Los hospitales locales se encuentran bajo resguardo policial mientras se estabiliza a los sobrevivientes, quienes presentan lesiones por impactos de arma de fuego de diversos calibres.

La recurrente violencia en partidos de fútbol en Salamanca ha generado que los torneos locales suspendan actividades de manera indefinida. La narrativa de “casos aislados” se desmorona ante la frecuencia de estos operativos criminales en campos de fútbol. Mientras el estado de Guanajuato sigue liderando cifras de homicidios a nivel nacional, la comunidad deportiva queda a la espera de estrategias de seguridad reales que devuelvan la paz a las canchas y garanticen que un partido de fin de semana no termine en un funeral masivo.

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