🔊 Escuchar esto Una historia donde la justicia se encamina al triunfo pero que aún le faltan batallas por librar, donde un presunto asesino es llevado ante el Juez, gracias a la fuerza de las pruebas, comienza la madrugada de un miércoles 29 de agosto del año que está por fenecer. [read more=”Leer más” less=”Leer menos”] 🔊 Nota completa Con la premeditación que se corrobora en la concreción de hechos, Alfredo Iván, El Estrellado, en su vehículo lleva la muerte a domicilio. Hasta la calle Poste de la Sandía, en la comunidad La Sandía, ubicada por el sur de León, llega Alfredo Iván. La víctima ignora su oscura suerte y por ello sale confiada cuando Alfredo Iván toca a la puerta. Este dispara su arma de fuego y huye como la noche. Cumpliendo su acometido mortal. La escena del crimen de pronto es una extraña concurrencia de hombres cuyo fin es luchar contra la niebla de la injusticia y buscan dar luz a lo inaudito: los astronáuticos trajes de peritos forenses, la etiqueta de los investigadores (de la Unidad Especializada en Investigación de Homicidios) y la marcialidad de los policías de apoyo. Todos ellos, en busca de indicios, de pruebas, para atrapar a quien cree que la falta de testigos es su mejor cómplice. Y las encuentran y las procesan y perfeccionan para ser un apoyo al agente del Ministerio Público que las requiere. Con el poder de las pruebas, el fiscal halla la identidad del homicida y ello le sirve para que un juez ordene la aprehensión a cuyo trabajo le dan cumplimiento agentes que tienen ese ministerio, ese servicio, y a él se entregan y dan con el inculpado de una muerte, El Estrellado. El presunto asesino es llevado a responder al Juzgado de Oralidad Penal. Aquí también, la fuerza de los datos de prueba sirve para que, el golpe del mallete del Juez de la Causa, indique que, durante cuatro meses y bajo prisión, Alfredo Iván N, alias El Estrellado, tenga que responder por lo que se le inculpa: haber segado una vida. [/read] Compartir