Aunque existe la creencia de que el enojo provoca padecimientos crónicos y degenerativos, entre otros, no es así sino que puede influir en los niveles de estrés y ansiedad que sí dañan la salud, advierten especialistas.

“Es una respuesta emocional normal. Dentro de las respuestas emocionales básicas existe el enojo, la ira, tristeza, alegría, el desagrado, el temor y la sorpresa.

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Son normales, adaptativas, sirven para la supervivencia, entre otras cosas”, dijo al diario Reforma Ricardo Caraza, neuropsiquiatra con maestría en neurociencias cognitivas y neuropsicología del Instituto de Neurología y Neurocirugía del Hospital Zambrano Hellion.

De acuerdo con el experto, el que una persona se enoje mucho no significa que se vaya a enfermar, sino que quizá ya tenga algún tipo de padecimiento, como un trastorno de ansiedad, y eso provoque una respuesta irritable.

“Cuando hay una respuesta de enojo defensiva intensa, hay una respuesta de adrenalina, puesto que tiene que ver mucho con estrés y con ansiedad, y eso nos puede llevar a estados de estrés crónicos que causen gastritis, colitis o algún otro síntoma físico”, señala.

Una respuesta inmediata a un coraje, por ejemplo, puede ser estreñimiento, vómito, dolor de cabeza, dolor de estómago, diarrea, colitis o reflujo.

El médico internista Juan Manuel González explicó también a Reforma que el enojo puede incidir en un infarto o alguna enfermedad cardiovascular, pero sólo por condiciones preexistentes.

“Hay que ver la susceptibilidad de las personas. Por ejemplo, si tiene las arterias tapadas y se la vive haciendo corajes que llegan a un grado de histeria, es más probable que le dé un infarto a causa de esos enojos, pero a una persona sana no.

“Si un diabético o prediabético tiene un alza en sus niveles de azúcar a causa de un coraje es porque sus hormonas no funcionan de la manera adecuada y no regulan ese rush de adrenalina que surge al momento de enojarse”, agrega.

Y en cuánto al cáncer, González señala que existen estudios que dicen que a mayor problema de ira reprimida, menor conteo de células citotóxicas o “natural killers” (células de las defensas).

“Pero no significa que el enojo provoque cáncer. En teoría, sí avanza la velocidad de progresión del cáncer y la dificultad para controlarlo, aunque hacen falta más estudios para comprobar esto”, afirma.

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