🔊 Escuchar esto Tabasco vive las peores inundaciones en la historia y sus residentes hacen esfuerzos desesperados para que bajen los niveles de agua. Una residente de Villahermosa contó al diario Reforma cómo llegaron el presidente Andrés Manuel López Obrador, junto con la coordinadora de Protección Civil, Laura Velázquez y, tras unas horas, dijeron que ya todo estaba controlado. Dijeron que estaban llegando “muchísimos” víveres, relató la mujer. Que la Presa Peñitas, de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), estaba soltando menos agua. Y así se fue el aeropuerto. “Yo creo que vamos a poder salir adelante sin que se padezca de la inundación de Villahermosa”, dijo el presidente. Y luego llegó el agua del desfogue y puso a cada uno en su sitio. José Ricardo, reportero de Reforma, cuenta que casi ningún habitante de Villahermosa les creyó al presidente ni a su funcionaria. Al sur de Villahermosa, añade, en la colonia las Gaviotas residentes relataron que el sector El Cedral y Coquitos se inundaron desde hace dos semanas, lo que parecía cierto, pues el agua estancada era verdosa y transparente. Además, no pusieron ni costalería en el Sector Armenia para prevenir el desastre. El lunes no hubo víveres, ni advertencia ni ayuda, y el resto de las casas se fueron al fondo del agua. El agua que se desbordó del Río Grijalva sumió carros, camionetas, árboles, toda la planta baja. A SALIR CON LO QUE SE PUEDA Por la avenida principal, la población salía huyendo apenas con algo. Una bolsa de ropa, un caballo, un perro, unos cerdos. La mayoría a pie con el agua hasta el pecho, caminando varios kilómetros. Algunos con cubrebocas en medio de la mugre, describió el enviado de Reforma. Quien tuviera un segundo piso podía comprar víveres y quedarse a defenderse de los robos. Quien no tenía a dónde irse se iba bajo el sol del trópico, con la tristeza y el rencor en la cara. “No se vale no se vale, mire cómo se metió el agua, aquí el Gobierno, el presidente, no hacen nada por nosotros, mire cómo nos tienen”, relató otro hombre con apenas una chamarra sobre el cuerpo. Le ayudaba a salir a una mujer con hemodiálisis. La población, abandonada a su suerte, iba y venía con diminutas bolsas sobre la cabeza, o bolsas más grandes medio sumergidas en el agua. O arriba de cayucos impulsados por un remo. No había ni la esperanza de pedir ayuda. “¿Por qué vamos a pedir ayuda? No ayudaron a los hermanos de Macuspana, menos nos van ayudar a nosotros”, dijo un hombre que había salido a comprar víveres y ahora regresaba a cuidar su casa inundada. Macuspana, el municipio donde nació López Obrador, también está anegada. (Foto: Tomada del diario Reforma) Compartir