(Fotografía:Especial) Redacción: Victoria Dueñas Son las seis de la tarde. El sol comienza a ocultarse, el sonido del tráfico disminuye y, de pronto, aparece: un hueco en el estómago, una ligera inquietud o una nostalgia inexplicable. Si te ha pasado, no estás solo. Este fenómeno tiene nombre y una explicación científica que va más allá de la simple flojera de volver a la rutina. Oficialmente conocidos como “Sunday Scaries” o “Blue Sunday”, estos episodios de ansiedad dominical afectan a gran parte de la población adulta. Aunque solemos culpar a la carga de trabajo del lunes, la neurobiología sugiere un factor más profundo: el bajón de adrenalina. Durante la semana, nuestro cuerpo opera bajo niveles constantes de cortisol y adrenalina para cumplir con metas y horarios. El sábado, esa energía se canaliza en el ocio o la vida social. Sin embargo, al llegar el domingo por la tarde, el ritmo cae drásticamente. Al entrar en este estado de “aburrimiento profundo” o reposo forzado, el cerebro —acostumbrado a la estimulación— interpreta la falta de actividad como una señal de alerta o inquietud. Además, estudios psicológicos indican que el domingo funciona como un “punto de control” donde evaluamos inconscientemente si aprovechamos el fin de semana o si estamos listos para lo que viene. La transición del “yo libre” al “yo productivo” genera un choque emocional que se manifiesta justo cuando la luz del día empieza a desvanecerse. ¿Cómo combatirlo? La clave es engañar al cerebro. En lugar de dedicar la tarde a “sufrir por anticipado”, programa una actividad ligera pero placentera: ver una película, cocinar algo nuevo o salir a caminar. Romper la inercia del silencio dominical ayuda a que el lunes no se sienta como una amenaza, sino como un paso más. Compartir Navegación de entradas Club León pide apoyo a gobierno de Guanajuato, busca fortalecer proyecto deportivo El fin del efectivo: México implementará pagos digitales obligatorios en carretera