Un equipo de arqueólogos reveló que los restos contenidos en una antigua vasija de cobre encontrada en un santuario griego hace varias décadas eran en realidad miel, una conclusión que los análisis previos habían rechazado.

La identidad de ese residuo era hasta hace poco incierta, ya que los investigadores sospechaban que se trataba de una mezcla de grasas, aceites y ceras de abeja.

Sin embargo, las técnicas analíticas modernas han determinado que se trata de miel, una sustancia importante en el mundo antiguo, ya que se dejaba en templos como ofrendas a los dioses o se enterraba junto a los muertos.

Los investigadores de la Sociedad Química Estadounidense que analizaron esos residuos analizaron los restos que se encontraron en 1954 en un santuario griego subterráneo, que data alrededor de 520 años antes de Cristo en Paestum (Italia).

CON TÉCNICAS MODERNAS

En su interior se encontraban varios frascos de bronce que contenían un residuo pegajoso, y entonces los arqueólogos asumieron que se trataba de miel, originalmente ofrecida en panales.

Sin embargo, posteriormente varios equipos diferentes analizaron el residuo y no lograron confirmar la presencia de esa sustancia y concluyeron en cambio que los frascos contenían algún tipo de grasa animal o vegetal contaminada con polen y partes de insectos.

Ahora, y gracias a modernas técnicas analíticas, los investigadores sí han descubierto que ese residuo antiguo tenía una huella química casi idéntica a la de la cera de abejas y la miel modernas.

Descubrieron que la composición química del residuo era más compleja que la de la cera de abejas degradada por el calor.

Esto sugiere la presencia de miel u otras sustancias, y que el residuo contenía proteínas de jalea real, que son secretadas por la abeja occidental.

QUÍMICOS COMPLEJOS

“Los residuos antiguos no son solo rastros de lo que la gente comía o ofrecía a los dioses; son ecosistemas químicos complejos”, aseguró la investigadora Luciana da Costa Carvalho.

Precisó que estudiarlos revela cómo esas sustancias cambiaron con el tiempo, “lo que abre la puerta a futuros estudios sobre la actividad microbiana antigua y sus posibles aplicaciones”.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA

Desde la antigüedad, la miel ha sido mucho más que un endulzante natural: fue un símbolo de prosperidad, un recurso medicinal y un elemento central en rituales religiosos. Civilizaciones como la egipcia, la griega y la romana la empleaban tanto en banquetes como en ofrendas a sus dioses, aprovechando sus propiedades conservantes y curativas. Su producción estaba ligada al conocimiento de la apicultura, una práctica que evolucionó desde la simple recolección de panales silvestres hasta el manejo intencional de colmenas. Esta transición permitió que la miel se convirtiera en un producto más accesible y abundante, lo que facilitó su uso en múltiples contextos: desde la elaboración de hidromiel hasta la preparación de ungüentos y bálsamos.

En la actualidad, el estudio de la miel antigua no solo revela aspectos culturales y económicos de las civilizaciones pasadas, sino que también aporta información sobre la biodiversidad y el entorno ecológico de la época. Las técnicas modernas de análisis químico y proteómico permiten identificar su origen floral, las especies de abejas implicadas e incluso rastrear cambios en las prácticas agrícolas y comerciales a lo largo de los siglos. Este enfoque multidisciplinario conecta la historia de la miel con la ciencia contemporánea, abriendo posibilidades para comprender mejor cómo los humanos y las abejas han coevolucionado y cómo este dulce vínculo ha perdurado durante milenios.

(Texto y fotos: Tomados de DW Español)

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