La administración de Donald Trump ha dado el paso definitivo en su política exterior sanitaria. Este jueves, el Departamento de Salud de Estados Unidos confirmó que la salida de la OMS es un hecho administrativo consumado. La decisión, que se fundamenta en una orden ejecutiva firmada el pasado 20 de enero de 2025, marca el fin de una era de cooperación técnica entre Washington y la agencia de las Naciones Unidas.

El Gobierno estadounidense argumenta que la organización ha fallado en sus misiones críticas. Según fuentes oficiales, la salida de la OMS responde a una supuesta falta de rendición de cuentas tras la gestión de la pandemia de COVID-19. Para la Casa Blanca, el organismo internacional no ha cumplido con las reformas necesarias para garantizar su independencia, especialmente respecto a la influencia de otros bloques geopolíticos.

Impacto financiero y rechazo al pago de cuotas

Uno de los puntos más polémicos de esta salida de la OMS es la negativa rotunda a saldar deudas pendientes. Se estima que Estados Unidos mantiene un adeudo de entre 260 y 280 millones de dólares correspondientes al periodo 2024-2025. A pesar de las presiones internacionales, la administración actual ha dejado claro que no tiene intención de abonar estas cifras, apelando a una resolución del Congreso de 1948 para justificar su retiro sin condiciones financieras previas.

Esta ruptura no solo afecta el presupuesto operativo del organismo, sino que pone en riesgo programas vitales. La salida de la OMS impactará directamente en la vigilancia epidemiológica global y en campañas de erradicación de enfermedades como la polio. Expertos advierten que, sin el 25% del presupuesto que solía aportar Washington, la capacidad de respuesta ante futuras amenazas sanitarias quedará seriamente mermada en los países menos desarrollados.

El futuro de la salud pública internacional

La formalización de la salida de la OMS cierra el vínculo institucional que mantenía a la potencia norteamericana como el mayor contribuyente técnico y financiero. El secretario de Estado ya ha suspendido las negociaciones sobre el Acuerdo sobre Pandemias, lo que significa que las normativas internacionales dejarán de ser vinculantes para el país. Esta medida refuerza la política de soberanía total que busca el Ejecutivo estadounidense frente a organismos multilaterales.

A pesar de este aislamiento oficial, Washington afirma que continuará colaborando de forma bilateral con ministerios de salud de otros países. Sin embargo, la salida de la OMS deja un vacío de liderazgo que otros actores globales, como China o la Unión Europea, podrían intentar llenar en los próximos meses. La comunidad internacional observa con cautela cómo se gestionará esta transición en la próxima reunión del consejo ejecutivo del organismo en febrero.

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