Una zona de Siria devastada por el terremoto del 6 de febrero no solo debe soportar el dolor y pérdidas materiales, sino que está privada de la ayuda humanitaria.

Ramadan Hilal y su familia salieron despavoridos de su casa en Jindires, norte de Siria, el día del terremoto. “Todos íbamos descalzos. No hemos recibido ninguna ayuda hasta ahora”, se lamenta en plática con DW Español.

Cuatro días después del terremoto llegó ayuda, pero la que ya estaba en camino antes del terremoto. En esta zona viven unas 4 millones de personas, en su mayoría desplazados de otras partes del país durante la larga guerra civil.

CONTROL OPOSITOR

El lugar está controlado por varios grupos opositores al gobierno sirio. La mayoría de los civiles que viven en esta parte dependían de la ayuda humanitaria internacional para sobrevivir incluso antes de este último desastre.

Conseguir que la ayuda y los suministros lleguen a esta zona controlada por la oposición siria lleva mucho tiempo siendo una cuestión política.

El régimen de Bashar al-Asad insiste en que toda la ayuda humanitaria debe canalizarse a través de Damasco.

LA INFAME POLÍTICA

En la práctica, Asad ha utilizado la ayuda internacional para enriquecerse a sí mismo y a sus partidarios sacando tajada, a fin de asegurarse de que sus enemigos en las zonas controladas por la oposición se queden sin suministros.

La ayuda transfronteriza al noroeste de Siria se ha convertido en una moneda de cambio política, en la que Rusia utiliza su puesto permanente en Naciones Unidas para apoyar al régimen de Asad y obtener concesiones de otros miembros del Consejo de Seguridad.

El gobierno sirio manipula las crisis de emergencia para expandir su control”, acusa Jesse Marks, defensor para Oriente Medio de Refugees International.

“La lenta respuesta humanitaria a los terremotos [en el norte de Siria] (…) pone de relieve la insuficiencia del mecanismo de ayuda transfronteriza en Siria, establecido por el Consejo de Seguridad de la ONU, y la urgente necesidad de alternativas”, señaló la organización Human Rights Watch (HRW).

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(Fotos: Tomadas de DW Español)