🔊 Escuchar esto Nochebuena y Navidad no fueron las mismas por la pandemia. A fin de desacelerar la propagación de Covid-19, Estados Unidos, Canadá y México acordaron en marzo cerrar sus fronteras compartidas a los viajes no esenciales. Nueve meses después llegó la Navidad, pero las familias en todo el mundo están desconectadas, tal vez ninguna más que las que se quedaron atrapadas en lados opuestos de una frontera internacional. Algunos no pueden cruzar legalmente, y otros no pueden darse el lujo de cumplir las cuarentenas si lo hicieran. Sin embargo, el ambiente navideño sobrevive. A lo largo de ambas fronteras, fotógrafos de la agencia de noticias The Associated Press hallaron familias conectándose en números menores y de manera más íntima, superando obstáculos inusuales para las celebraciones compartidas. SIN CRUCES LEGALES Algunos no pueden cruzar legalmente, y otros no pueden darse el lujo de cumplir las cuarentenas si lo hicieran. Sin embargo, el ambiente navideño sobrevive. Las cosas no son tan sencillas en la frontera con México. En Calexico, California, por ejemplo, una celebración transfronteriza sólo pudo efectuarse en territorio de Estados Unidos porque un sitio en construcción le obstruía el acceso a los participantes en Mexicali, México, una ciudad industrial de un millón de habitantes. Aproximadamente una docena de personas con mascarillas aguardaron en Calexico para celebrar con los mexicanos el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, la santa patrona de México. Los estadounidenses se reunieron al otro lado, a demasiada distancia como para ver o conversar con sus seres queridos, y exigieron que haya fronteras abiertas. Dejaron atrás flores y velas. Tocaron el muro y se retiraron. TAMPOCO POSADAS En la frontera entre Estados Unidos y México, la mayoría de los años se celebran las posadas, una tradición de siglos en el país latinoamericano que recrea con música el momento en que María y José buscaban albergue en Belén. No este año. Además de las restricciones relacionadas con el coronavirus, las personas enfrentan otra barrera: el muro fronterizo del presidente estadounidense Donald Trump que se extiende cientos de kilómetros y continúa en construcción. En fecha reciente, una niña en Arizona metió su brazo por un hueco entre los postes gigantes de acero del muro fronterizo mientras sostenía una muñeca y miraba al cielo. Un niño de aspecto cansado y serio se acercó al muro para que le dieran un abrazo. (Fotos: Tomadas de la agencia AP) Compartir