La región más meridional de Sudamérica fue, literalmente, uno de los últimos espacios del planeta en aparecer en el mapa humano.

De acuerdo con el Harvard Gazette, la evidencia más antigua de presencia en la región proviene del yacimiento arqueológico de Arroyo Seco, en la Pampa argentina, con alrededor de 14 mil años de antigüedad.

Sin embargo, gran parte de su historia demográfica permanecía en sombras.

Antes de este trabajo, la reconstrucción genética del continente señalaba la presencia de tres grandes ramas poblacionales diferenciadas hace unos 9 mil años, asociadas al área andina, la región amazónica y la zona austral del Cono Sur.

Pero ese panorama estaba basado en un número muy limitado de muestras, especialmente en el Cono Sur.

LINAJE DESCONOCIDO

Ahora, un nuevo análisis del estudio publicado en Nature incrementa de forma significativa el número de genomas antiguos disponibles para el Cono Sur, ampliando el registro previo a una escala inédita.

Y sus resultados son sorprendentes. El estudio identifica un linaje no documentado previamente, originado hace unos 8,500 años en el centro de Argentina, que continuó siendo la ascendencia predominante durante milenios.

En ese periodo, las comunidades de la región desarrollaron una diversidad cultural significativa pese a mostrar muy escasos indicios de intercambio genético con grupos vecinos.

El hallazgo, basado en el análisis de restos de 238 individuos indígenas que abarcan los últimos 10 mil años, revela un capítulo completamente nuevo en la historia del poblamiento americano.

AISLAMIENTO GENÉTICO

“Hemos encontrado este nuevo linaje, un nuevo grupo de personas que no conocíamos antes, que ha persistido como el principal componente ancestral durante al menos los últimos 8 mil años hasta la actualidad”, explicó Javier Maravall López, de la Universidad de Harvard y autor principal del estudio, al Harvard Gazette.

“Es un episodio importante de la historia del continente del que simplemente no éramos conscientes”, agregó.

Los investigadores analizaron dos millones de posiciones del genoma conocidas como polimorfismos de un solo nucleótido (SNP), que varían entre los seres humanos.

En lugar de una mezcla entre las tres grandes poblaciones ya identificadas, emergió un linaje completamente nuevo y local, que se convirtió en la base genética predominante de la región.

Lo notable es que esta población, aunque experimentó importantes transformaciones culturales, climáticas y tecnológicas, mostró muy poca evidencia de mezcla genética durante milenios.

SIGUEN LOS MISMOS

“La población es la misma”, señaló a Science Rodrigo Nores, genetista del CONICET y coautor del estudio, al destacar que la diversidad de lenguas y objetos arqueológicos no se acompañó de señales claras de migraciones.

Incluso cuando, hace unos mil 300 años, se difundieron estilos cerámicos y lenguas desde la Amazonia hacia el centro de Argentina, no apareció una huella genética asociada, lo que cuestiona hipótesis previas basadas únicamente en la cultura material.

En términos de dinámica social, los investigadores se enfrentan a una paradoja: una región culturalmente diversa, pero genéticamente homogénea.

Maravall López lo describe como un “archipiélago” de pueblos que, compartiendo una misma raíz genética, desarrollaron culturas y lenguas distintas mientras permanecían biológicamente aislados.

Ni siquiera una prolongada sequía entre 6 mil y 4 mil años atrás dejó una marca apreciable en esta población, con la que muchos argentinos actuales comparten parte de su ascendencia, según Science.

(Texto y fotos: Tomados de DW Español)

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