(Fotografía:Especial) La madrugada del 23 de junio de 1926 quedó grabada como una de las fechas más dolorosas en la historia de León. Antes de que amaneciera, una devastadora inundación sorprendió a miles de familias y provocó el mayor desastre natural que vivió la ciudad durante el siglo XX. Cuando salió el sol, el panorama era desolador. Más de mil 500 viviendas quedaron destruidas total o parcialmente, barrios enteros desaparecieron bajo el agua, cientos de personas fueron reportadas como desaparecidas y miles quedaron sin hogar. La tragedia transformó por completo la vida de la ciudad y dejó una huella que, cien años después, sigue presente en la memoria colectiva de los leoneses. La fuerza del agua arrasó calles, viviendas, comercios y caminos. La magnitud de la emergencia obligó a movilizar esfuerzos de rescate y apoyo para atender a las familias afectadas, mientras León intentaba recuperarse de uno de los episodios más difíciles de su historia. El desbordamiento de varios ríos y arroyos provocó la catástrofe (Fotografía:Especial) De acuerdo con registros históricos, la inundación ocurrió tras el desbordamiento del río de los Gómez, fenómeno que también había provocado daños décadas antes. Sin embargo, en 1926 la situación fue mucho más grave debido a que también se salieron de su cauce los arroyos del Muerto y del Ejido, en la zona del Coecillo, además de los arroyos Mariches y de los Machigües en el poniente de la ciudad. La combinación de estos desbordamientos generó una corriente de agua imposible de contener. En cuestión de horas, numerosas colonias quedaron bajo el agua y la infraestructura urbana sufrió daños severos. La tragedia evidenció la vulnerabilidad que existía en aquella época frente a fenómenos naturales de gran magnitud y marcó un antes y un después en la forma en que la ciudad planeó posteriormente sus obras hidráulicas y de protección civil. Las fotografías de Manuel Obregón preservaron la memoria del desastre (Fotografía:Especial) Uno de los testimonios más importantes de la inundación fue realizado por Manuel Obregón, fotógrafo originario de Aguascalientes que se encontraba en León por motivos comerciales relacionados con la industria del calzado. Obregón documentó los efectos de la tragedia mediante una serie de fotografías que posteriormente fueron convertidas en postales. Gracias a ese trabajo, hoy existe un registro visual invaluable de los daños causados por la inundación y de las condiciones que enfrentaron los habitantes de León tras el desastre. A cien años de distancia, estas imágenes continúan siendo una referencia fundamental para comprender la magnitud de la catástrofe y preservar la memoria histórica de una ciudad que logró levantarse después de uno de los momentos más difíciles de su existencia. La inundación de León de 1926 no solo cambió el paisaje urbano. También transformó la historia de la ciudad y se convirtió en un recordatorio permanente de la importancia de la prevención, la planeación y la resiliencia de sus habitantes. Compartir Navegación de entradas Tú Puedes Guanajuato consolida financiamiento estratégico para MIPYMES en la Expo PYME Bajío 2026