Para muchos turistas, este destino es solo un pintoresco Pueblo Mágico en Querétaro. Sin embargo, la ciencia confirma que la Peña de Bernal es en realidad un “cuello volcánico”. Este impresionante monolito, considerado el tercero más grande del mundo, no nació como una montaña común. Hace aproximadamente 65 millones de años, lo que hoy admiramos era la lava endurecida dentro de la chimenea de un volcán activo que, con el tiempo, perdió su estructura exterior.

La metamorfosis de un coloso de lava

El proceso que dio forma a la Peña de Bernal es fascinante. Durante la era Cenozoica, el magma ascendió pero nunca llegó a erupcionar por completo; en su lugar, se solidificó dentro del conducto volcánico. Con el paso de los milenios, la erosión del viento y el agua eliminó las capas de ceniza y tierra más blandas que rodeaban al cráter. Lo que quedó en pie fue el “tapón” de roca sólida, transformando lo que fue la Peña de Bernal en el monumento natural de 2,512 metros sobre el nivel del mar que vemos hoy.

Geológicamente, la Peña de Bernal está compuesta de dacita, una roca ígnea muy resistente. Esta composición es la razón por la cual el monolito ha soportado el paso del tiempo mientras que el resto del volcán desapareció. Investigadores de la UNAM han señalado que estudiar la Peña de Bernal es como realizar una autopsia a un sistema volcánico antiguo, permitiendo entender cómo se movía el fuego bajo la superficie de México hace millones de años.

Energía, turismo y mitos geológicos

Más allá de su origen como Peña de Bernal, este sitio se ha convertido en un centro de atracción mística. Muchos visitantes acuden al monolito buscando “recargarse de energía”, una creencia popular que curiosamente coincide con la naturaleza magnética de las rocas volcánicas. Aunque hoy no existe riesgo de erupción, la Peña de Bernal sigue viva en el imaginario colectivo como un guardián de piedra que vigila el semidesierto queretano, atrayendo a miles de escaladores y entusiastas del senderismo.

Para quienes buscan aventura, subir la Peña de Bernal es un reto físico que recompensa con una vista inigualable. El ascenso permite tocar directamente la lava que alguna vez estuvo a temperaturas extremas. Es vital conservar este espacio, ya que la Peña de Bernal es un área protegida que resguarda especies endémicas de flora y fauna. Entender que pisamos un antiguo volcán cambia por completo la experiencia de visitar este majestuoso rincón de México.

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