fabrica de ilusiones

Era una mañana tranquila, normal, nada parecía diferente a los días anteriores de pandemia… me encontraba en la cocina preparando un poco de té sin imaginar lo que estaría a punto de descubrir.

Gire hacía la mesa y de pronto ¡pum! Una revelación… las galletas ya no estaban.

En su lugar solo quedaban unas cuantas morusas alrededor, pero ¿quién pudo haber cometido semejante crimen?

Estaba claro que ese misterio debía resolverse de manera inmediata, comencé a inspeccionar el perímetro y luego de una ardua búsqueda me percaté de que en la puerta de la cocina se encontraban regadas unas cuantas morusas pertenecientes a dichas galletas.

¿Coincidencia? No lo creo.

En ese momento escuché ruidos extraños, mis manos comenzaron a sudar y temblar “¿Debería acercarme?… Quizá dé con el o la responsable del robo” pensé, con un poco de miedo pasé saliva y me dirigí de manera cautelosa a la salida, los segundos parecían horas, pero si quería resolver el misterio debía de tener valor y salir.

Sin pensarlo más giré y mis ojos reconocieron a quién podía ser la responsable, sentada con las manos llenas de chocolate y sonriendo de la manera más dulce, se encontraba la pequeña Victoria, una infante de dos años a quién de manera inmediata me atreví a señalar como responsable.

Me acerqué a ella y pude apreciar en su playera los mismos residuos de galleta que yacían en el plato y en la entrada, no había duda alguna ¡Ella era la autora intelectual y material de este acto!

Pero sin una declaración ella sólo era una presunta culpable, así que luego de llevarla al baño para lavar sus manos y rostro le realice el interrogatorio pertinente “¿Te has comido las galletas?” Y sin titubear respondió “Si, mami” ¡Ajá! Eh dado con la culpable, el caso se ha sido resuelto, ahora Victoria “N” de dos años de edad será puesta ante un juez para recibir su condena.

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Por: Andrea Sánchez