🔊 Escuchar esto El proyecto gubernamental estadounidense “Velocidad de la Luz” para el desarrollo de una vacuna contra el Covid-19 ya parece todo un ganador. De acuerdo con la farmacéutica Pfizer, su vacuna logró prevenir el Covid-19 en 95 por ciento de los participantes en sus ensayos clínicos, que ya han concluido. La vacuna de Moderna, que obtuvo un apoyo gubernamental de mil millones de dólares, previene 94 por ciento de los casos, según la propia empresa. Sería difícil exagerar el grado en el que los expertos se han sentido sorprendidos, y aliviados, por estos resultados, dice un artículo de la revista Newsweek. En los inicios de la pandemia, la sabiduría popular sostenía que lo mejor que podíamos esperar era una tasa de éxito ligeramente mayor que la de las vacunas contra la influenza estacional, que en un buen año protegen a entre 50 y 60 por ciento de las personas vacunadas. La Administración de Alimentos y Medicinas de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) estableció el objetivo de las vacunas contra el Covid-19 en un modesto 50 por ciento. Ahora tenemos dos vacunas que, en teoría, son lo suficientemente poderosas como para detener en seco la pandemia. DESCONFIANZA Y DIVISIÓN La teoría siempre es, desde luego, más clara que la realidad. Mientras la vacuna de Pfizer se abre camino en estos días, los funcionarios de salud enfrentan a un público que desconfía de la seguridad de las vacunas que pronto se le pedirá administrarse. Convencer a millones de personas de que acudan a su consultorio médico o farmacia para recibir una inyección de una sustancia genética elaborada en un laboratorio, la cual nunca se ha usado en una vacuna y que ha pasado velozmente del descubrimiento al mercado en menos de un año, no será fácil ni siquiera en las mejores circunstancias, y todos estamos de acuerdo en que estas están muy lejos de ser las mejores condiciones. En la tóxica cultura política, la pandemia ha dividido a Estados Unidos en dos partes: quienes creen en el uso del cubrebocas y en el Dr. Fauci, y quienes creen en la libertad personal y en el presidente Donald Trump. La aceptación de una posible vacuna contra el Covid-19 tiende a dividirse a lo largo de líneas partidistas: en las encuestas, los demócratas tienen mayores probabilidades que los republicanos de afirmar que se pondrían la vacuna. Por otra parte, el movimiento antivacunas, que tiene cierta responsabilidad en los brotes de sarampión, paperas y tosferina de las últimas dos décadas, no sigue ninguna línea partidista. EL FIN DEL MUNDO Los libertarios se muestran menos suspicaces con respecto a la seguridad de la vacuna que de los mandatos gubernamentales. Algunos cristianos rechazan la vacunación porque creen que la pandemia forma parte del fin de los tiempos. Hay otros que no están impulsados por ideologías: simplemente prefieren esperar y dejar que otras personas sean los conejillos de indias, por si acaso. Estas corrientes tan dispares convergen en una ola de escepticismo y resistencia. TERRENO FÉRTIL La pandemia de coronavirus ha sido un terreno fértil para el movimiento antivacunas, que ha adquirido ocho millones de seguidores desde principios del año, de acuerdo con el Centro para Contrarrestar el Odio Digital. Actualmente, los antivacunas suman 58 millones en las redes sociales, incluidos 31 millones en Facebook y 17 millones en YouTube, y generan cerca de 1,000 millones de dólares en ganancias, de acuerdo con el Centro. Entre ellos se incluye el Proyecto Mundial Mercury, encabezado por Robert F. Kennedy, Jr., y Alto a la Vacunación Obligatoria. “¡Nos están convirtiendo en híbridos transhumanos!”, decía un antivacunas en Facebook en referencia a las vacunas contra el coronavirus elaboradas mediante biotecnología. “¡Lo que necesitas saber sobre la vacuna contra el COVID-19 y la marca de la bestia!”, gritaba otro. (Foto: Tomada de Pixabay) Compartir