Ya empezó diciembre y con ello viene la Navidad.

En esta época del año, la mayoría de las personas adornamos nuestras casas y toda la ciudad se llena de luces, árboles, Santa Clos, Reyes Magos, nacimientos y, por supuesto, no dejamos de escuchar los famosos villancicos.

Pareciera que hasta el aire huele diferente, las personas nos volvemos más empáticas y hablamos de una manera distinta… la emoción brinca en nuestros corazones cada vez que vemos bolsas o cajas de regalos que van apareciendo al pie del árbol, ya adornado y lleno de luces, que hace que nuestra casa, o cualquier lugar, luzca de una manera distinta, como si el espacio físico sonriera…

Adornar nuestra casa se vuelve una actividad que reúne a la familia, donde cada uno pone su granito de arena para que la Navidad se sienta en todos los rincones.

Son momentos para recordar, año con año, nuestra niñez, a los abuelos, anécdotas vividas con incluso, seres queridos que ya no están.

Pero, ¿te has preguntado alguna vez de dónde vienen todas estas costumbres?

En esta ocasión hablaremos del árbol de Navidad, algunas leyendas o datos que casi nadie sabe… y que, al terminar, te convertirás en uno de esos pocos conocedores de estas historias.

Una de ellas relata que fue el protestante Martín Lutero el primero en decorar un pino. Se cuenta que, al ver brillar las estrellas entre las ramas, decidió llevar un árbol a su casa y mostrarles a sus hijos lo que él veía, de manera que compartieran los mismos sentimientos y emociones que él. Así que lo decoró con velas y más adelante decidió colgarle bellotas, castañas y avellanas de las ramas para recordar los dones que los hombres recibieron de Jesús.

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Esta costumbre se extendió por Alemania al igual que el protestantismo y, poco a poco, se le añadieron nuevos elementos como bolitas, guirnaldas, etc., hasta llegar a los árboles de Navidad como los conocemos y vemos ahora.

Sin embargo, la historia viene de un tiempo más atrás, se habla de la relación de los pobladores primitivos europeos con los árboles y el periodo de Navidad, ya que es un tiempo en el que el hombre cree en un cierto orden natural establecido con el que puede contar y manipular para lograr sus objetivos.

Es el mundo de la magia y la superstición que, incluso, es lo que nos provoca hasta hoy en día, sobre todo en los niños, que de un modo inexplicable o “mágico” los presentes llegan hasta los pies de ese hermoso árbol adornado.

Dice otra leyenda que fue San Bonifacio el verdadero inventor. En la primera mitad del siglo VIII, este santo se encontraba predicando entre los germanos, puesto que le molestaba la tradición pagana del culto al roble, quiso talar uno y al caer derribó todo a su alrededor, excepto un pequeño abeto. Bonifacio lo interpretó como un mensaje y lo bautizó como “el árbol del niño Jesús”.

Sea cual sea el origen de esta tradición, lo real es que nos hace sentir de un modo distinto, que nuestro hogar luce diferente y que, lo más importante, nuestro corazón vibra de un modo distinto, lleno de alegría y una cierta paz que solo sentimos durante esta hermosa época del año.

Y tú, ¿por qué pones árbol de Navidad?