La relación transatlántica ha entrado en una fase de máxima fricción este cierre de año. Donald Trump ha intensificado sus amenazas contra la Unión Europea (UE), centrando sus ataques en las regulaciones ambientales y digitales del bloque. A pesar de que Bruselas ha intentado suavizar algunas de sus posturas para evitar una guerra comercial abierta, la administración estadounidense mantiene una estrategia de presión basada en aranceles y advertencias, con el objetivo de forzar cambios que beneficien directamente a las corporaciones de Estados Unidos. El conflicto no es menor: el gobierno de Trump considera que leyes como el Pacto Verde y las normativas de servicios digitales son, en realidad, barreras comerciales disfrazadas de protección al consumidor o al planeta. Esta postura ha puesto en jaque la diplomacia europea, que se debate entre defender su soberanía regulatoria o ceder ante el poderío económico de Washington para evitar represalias económicas masivas. El choque por la sostenibilidad y los aranceles ambientales Uno de los puntos críticos de esta disputa es el marco de sostenibilidad europeo. Aunque la Unión Europea ya realizó concesiones importantes como eliminar la prohibición total de motores de combustión para 2035 y eximir al 80% de las empresas de ciertas obligaciones ambientales, la Casa Blanca no está satisfecha. El Representante de Comercio de EE. UU., Jamieson Greer, ha calificado las normas de sostenibilidad corporativa como “inadecuadas” y ha insinuado que el pacto arancelario firmado previamente con Ursula von der Leyen podría romperse si no hay más flexibilidad. Esta presión busca proteger a las industrias manufactureras y energéticas estadounidenses que ven en las exigencias de “huella de carbono” un obstáculo para sus exportaciones. Trump argumenta que estas reglas no buscan salvar el medio ambiente, sino compensar la falta de competitividad de las empresas europeas frente a las americanas. La respuesta de Bruselas ha sido ambigua, tratando de salvar los pilares de su agenda verde mientras intenta apaciguar las amenazas de nuevos impuestos a productos europeos clave como maquinaria y automóviles. La guerra por el control digital y las multas a las “Big Tech” En el terreno digital, la tensión es aún más palpable. Las leyes de Servicios Digitales (DSA) y de Mercados Digitales (DMA) han resultado en sanciones multimillonarias contra gigantes como Apple, Google, Meta y X (antes Twitter). Para la administración Trump, estas multas no son una cuestión de competencia justa, sino un “ataque discriminatorio” contra el éxito tecnológico de Estados Unidos. Howard Lutnick, secretario de Comercio, ha llegado a ofrecer inversiones masivas a Europa a cambio de que el bloque relaje su vigilancia sobre las plataformas estadounidenses. A pesar de las promesas de inversión, la comisaria de Competencia, Teresa Ribera, ha mantenido una postura firme, asegurando que Europa no mirará hacia otro lado cuando las grandes tecnológicas incumplan las normas. Este enfrentamiento promete marcar el rumbo de 2026, con Washington advirtiendo que usará “todos los instrumentos a su disposición” para contraatacar, lo que podría incluir sanciones contra empresas emblemáticas europeas como Siemens o DHL. La batalla por quién dicta las reglas de la economía del futuro si los gobiernos o los mercados está más viva que nunca. Compartir Navegación de entradas Más de 400 empresarios de Guanajuato se preparan para exportar con apoyo de COFOCE Saldo blanco en León durante Nochebuena y Navidad: más de 150 detenciones y 30,000 artificios asegurados