La situación de seguridad en el estado de Guanajuato atraviesa un momento crítico. En los últimos días, la extorsión en Celaya ha vuelto a ocupar las portadas debido al incremento de reportes por parte de propietarios de negocios. A pesar de que las cifras oficiales muestran un aumento en las carpetas de investigación, existe una cifra negra alarmante. Muchos comerciantes locales prefieren guardar silencio por temor a represalias directas de los grupos criminales. El alcalde de la ciudad, Juan Miguel Ramírez, ha reconocido públicamente la gravedad del problema. Recientemente, un intento de extorsión en Celaya contra un gimnasio local encendió las alarmas de las autoridades municipales. Este evento no es un caso aislado, sino parte de una dinámica de violencia que busca doblegar la economía de la región. La extorsión en Celaya afecta desde pequeños puestos hasta grandes establecimientos comerciales. El llamado urgente al Gobierno del Estado Ante la insuficiencia de los recursos municipales, el edil ha solicitado formalmente el apoyo del Gobierno del Estado de Guanajuato. El objetivo es implementar operativos conjuntos que permitan inhibir la extorsión en Celaya de manera efectiva. Los empresarios locales exigen garantías para trabajar sin el acoso constante de la delincuencia organizada. La falta de confianza en las instituciones sigue siendo el principal obstáculo para formalizar las denuncias. La estrategia actual busca fortalecer la presencia de la Guardia Nacional y las fuerzas estatales en las zonas comerciales de mayor riesgo. Combatir la extorsión en Celaya requiere de una inteligencia policial que desarticule las redes telefónicas y presenciales de cobro de piso. Sin una intervención integral, el tejido social y económico de la ciudad seguirá deteriorándose rápidamente. Los ciudadanos esperan que esta nueva petición de ayuda se traduzca en resultados tangibles y una disminución real de la extorsión en Celaya. El miedo a denunciar y la parálisis económica El fenómeno de la extorsión en Celaya genera una parálisis que va más allá de lo económico. Los dueños de negocios enfrentan dilemas éticos y de supervivencia cada vez que reciben una amenaza. Al no existir un entorno seguro, muchos prefieren cerrar sus puertas definitivamente antes que ceder ante el crimen. La extorsión en Celaya se ha convertido en el principal enemigo de la inversión y el empleo en la zona del Bajío. Es fundamental que la Fiscalía General del Estado agilice los mecanismos de denuncia anónima. Solo mediante la participación ciudadana protegida se podrá frenar el avance de la extorsión en Celaya. La coordinación entre los tres niveles de gobierno es la única vía para devolver la paz a los celayenses. Por ahora, el comercio local sobrevive en un estado de alerta constante, esperando que las promesas de seguridad se conviertan en una realidad cotidiana. La extorsión en Celaya no debe ser la norma, sino un delito erradicado con prontitud. Compartir Navegación de entradas IMPI lucha libre mexicana: “Más allá del Ring” contra la piratería Crisis del agave en Guanajuato: sobreproducción, plagas y desplome del precio