Es una profesora de la que todo Guanajuato debería estar orgulloso por su vocación y entrega.

Se tata de la profesora Carolina Murillo Valle, una prueba viva de que cuando se ejerce la docencia con entrega, empatía y visión humanista puede marcar profundamente a las personas y transformar comunidades enteras.

La Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG) le hizo un reconocimiento a su trayectoria profesional, su incansable compromiso con la inclusión y su sensibilidad como educadora.

Desde sus primeros pasos en la docencia, a los 18 años como instructora comunitaria de Conafe en una comunidad rural de Irapuato, Carolina Murillo ha caminado con convicción y profundo sentido social.

ENSEÑAR CON AUTONOMÍA

En un pequeño cuarto de adobe, con apenas seis estudiantes y materiales limitados, aprendió que enseñar es también construir autonomía, brindar herramientas para la vida y generar confianza.

Con el paso del tiempo, su vocación se profundizó al elegir el camino de la educación especial, campo en el que ha trabajado por más de una década dentro del sistema educativo estatal.

Para la maestra Carolina, conocer de cerca la discapacidad no solo la acercó a esta área, sino que la llevó a comprender su riqueza, sus retos y su potencial transformador.

“Elegí la educación especial porque conozco la discapacidad de cerca, por su impacto en la diversidad y por la riqueza que encierran las diferencias”, afirma.

IMPULSA PROYECTOS INNOVADORES

Hoy, como parte de la USAER 69 y adscrita a la escuela Primaria Urbana Federal José Ma. Luis Mora, en el municipio de Doctor Mora, la docente Carolina ha impulsado proyectos pedagógicos innovadores que no solo fortalecen los aprendizajes, sino que promueven una cultura de respeto, empatía y participación.

Uno de los proyectos más significativos ha sido la enseñanza de la Lengua de Señas Mexicana (LSM) a estudiantes regulares y con discapacidad.

A partir de esta experiencia, se desarrolló un concurso de dactilología en su escuela, integrando este contenido al plan escolar y generando resultados sorprendentes: mayor motivación, mejora en la ortografía, avances en lectoescritura y desarrollo de procesos cognitivos como la atención, discriminación visual, memoria de trabajo y planificación mental.

Más allá del impacto académico, este proyecto ha generado un ambiente de convivencia más inclusivo y consciente, donde cada estudiante es valorado por lo que aporta y no definido por sus limitaciones.

LLAMADO PERSONAL

Para Carolina, ser maestra no es solo una función social; es un llamado personal, una forma de estar en el mundo; por lo que sus valores rectores son el respeto, la inclusión y la colaboración, y los transmite tanto con el ejemplo como a través de las actividades dentro y fuera del aula.

Su vocación se sostiene también gracias a su compromiso con el autocuidado, el desarrollo personal y la reflexión constante.

En sus palabras, ser docente hoy es “una gran labor, porque sé que mis actos tienen un impacto indefinido e infinito en la vida de los niños y niñas con los que trabajo”.

La maestra Carolina ha hecho del aula un espacio seguro, inclusivo y lleno de posibilidades, donde cada estudiante puede descubrir su voz y su potencial.

Compartir