Durante décadas, Hollywood nos ha hecho creer que los dinosaurios rugían como bestias.

La realidad científica, sin embargo, sugiere que quizás estos antiguos habitantes de la Tierra probablemente emitían bramidos, arrullos y chillidos agudos; sonidos más próximos al repertorio de las aves actuales que a los rugidos cinematográficos de Jurassic Park.

Esta fascinante incógnita –¿cómo sonaban realmente estos gigantes?– inspiró el nacimiento de Dinosaur Choir (Coro de Dinosaurios).

Este es un proyecto que fusiona arte y paleoacústica para transformar réplicas de cráneos fosilizados en instrumentos musicales experimentales.

El innovador trabajo acaba de recibir reconocimiento en la prestigiosa Competencia de Instrumentos Musicales Guthman 2025 del Instituto de Tecnología de Georgia.

DE FÓSILES A INSTRUMENTOS MUSICALES

El proyecto comenzó en 2011 durante una visita aparentemente rutinaria de Courtney Brown –artista, compositora y profesora asociada de la Universidad Metodista del Sur– a un museo en Nuevo México.

Allí, la recreación sonora de un Parasaurolophus, dinosaurio herbívoro caracterizado por su distintiva cresta tubular, la cautivó de manera inesperada.

“Sentí que eran cantantes, como yo”, confesó Brown, describiendo una conexión casi espiritual con aquellos ecos del pasado.

Ese momento de revelación dio inicio a un camino creativo que se extendería por más de una década, guiada por una pregunta tan simple como ambiciosa:

¿Podríamos los humanos recrear los sonidos de los dinosaurios y “cantar” como ellos?

TECNOLOGÍA 3D

Desde entonces, Brown ha dedicado años a estudiar la anatomía de los dinosaurios, especialmente de los hadrosaurios como el Corythosaurus, un herbívoro con una elaborada cresta en la cabeza que, según se cree, funcionaba como una cámara de resonancia natural.

A partir de escaneos por tomografía computarizada (CT) de fósiles reales, el equipo imprimió en 3D una réplica del cráneo y diseñó un sistema que convierte las vibraciones humanas en sonidos prehistóricos.

En las primeras versiones del proyecto –¡como Rawr! A Study in Sonic Skulls–, los participantes soplaban en una boquilla que activaba una laringe artificial, capaz de producir un timbre grave y espectral.

Sin embargo, con la pandemia llegó un rediseño completo: ya no es necesario soplar.

(Texto y fotos: Tomados de DW Español y SMU)

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