fabrica de ilusiones

Emilia abrió la puerta, verificó que traía todo lo que necesitaba para aventurarse en la nueva normalidad tras la pandemia del COVID-19 (cubrebocas, gel de alcohol, desinfectante en spray, careta) y salió rumbo a la oficina.

Estaba consciente de que no todos los habitantes de León habían cumplido con el #QuédateEnCasa, y en esporádicas salidas había descubierto que, además, no usaban cubrebocas.

Ahora, con la obligatoriedad de llevarlo puesto en espacios públicos en todo el estado de Guanajuato, se ve un poco más de conciencia en la gente. Pero solo un poco, lamentablemente.

Lo que Emilia sabe del COVID-19

El conocimiento que los científicos y médicos tienen sobre el COVID-19 ha ido evolucionando a la par de la experiencia adquirida, y ahora dicen que no hay mejor defensa contra el contagio que el tapabocas y la sana distancia.

Y eso hace que Emilia se sienta un poco más segura en sus salidas. Pero también se sabe que el nuevo coronavirus no solo es una enfermedad respiratoria, sino que afecta a diversos órganos y, lo peor, deja secuelas. ¿Sabías?

Hay casos documentados de un joven deportista en Estados Unidos que tras presentar un cuadro asintomático de coronavirus resultó con una cardiopatía, y de una mujer que luego de estar hospitalizada con respirador, ahora debe someterse a diálisis de por vida o hasta encontrar un donante de riñón.

También se sabe que, cuando el enfermo pierde el olfato y el gusto, su pronóstico es mejor, pues significa que la infección se queda en las vías respiratorias superiores y no baja a los pulmones. Pero hay casos en que estos síntomas perduran aún después de que, técnicamente, el patógeno desapareció del cuerpo.

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Lo que asusta a Emilia, quien está muy consciente de todos los nuevos avances en el diagnóstico y el tratamiento del coronavirus, así como de la investigación y desarrollo de múltiples vacunas (algunas más prometedoras que otras), es que no tiene idea de cómo reaccionaría su organismo a una infección de COVID-19.

Sin correr riesgos

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Así que lo mejor es no arriesgarse, piensa, mientras se coloca el cubrebocas tomándolo de los resortes y rocía desinfectante en el volante de su automóvil.

Lo bueno es que la oficina es un lugar amplio que permite el distanciamiento y está bien ventilado; ambos consejos de infectólogos como el @doctormacias y el @doctormosqueda, a quienes Emilia sigue fielmente en Twitter.

Además, en la empresa se impuso un protocolo estricto: Todos deben llevar tapabocas, limpiarse los zapatos en el tapete sanitizante, tomarse la temperatura al entrar, limpiarse las manos con gel de alcohol y rociarse desinfectante en la ropa y los objetos que portan.

Los otros, responsables de la salud de todos

¡Ay! Si solo en la calle y los comercios todos fueran tan conscientes.

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A Emilia ya no le importa que haya personas que no creen en la existencia del COVID-19 o que no tengan miedo de contagiarse. Pero sí le interesa que a esas personas les importen los demás y que, por respeto, usen correctamente el cubrebocas y mantengan su sana distancia.

Le gustaría que estuvieran conscientes de que contraer la enfermedad es como jugar a la ruleta rusa, y que los otros, su comunidad, no quieren participar.