Irapuato

Se nos vienen las elecciones. Este domingo 6 de junio tenemos que formarnos –credencial del INE en mano, con cubrebocas y con sana distancia– para recibir nuestra boleta electoral con los nombres de un montón de candidates.

Esos nombres serán conocidos para unos y desconocidos para otros. Y muchos taches sobre uno u otro recuadro se marcarán por instinto, tradición o enojo; sin conocer propuestas ni personas.

Tampoco es que el tratar de informarse sirva de mucho. Yo, por ejemplo, identifico a les candidates (quiero ser inclusiva, pero también tratar de mantener el anonimato de quienes hablo) a la presidencia municipal de mi ciudad, escuché sus propuestas y vi sus comportamientos y, aun así, me cuesta trabajo decidir.

De une candidate me gustó su seguridad, su forma de expresarse y sus ideas innovadoras. Pero le veo muy inmadure, y siento que puede ser víctima fácil de los buitres en el partido que le postula.

En otre reconozco su preparación, su experiencia, sus conocimientos en el ámbito financiero, pero, igual, desconfío de su partido. Incluso no me explico qué hace ahí.

Hay une aspirante a la presidencia municipal que muestra mesura al hablar y hacer sus planteamientos, y otre que, al contrario, exhibe mucha seguridad en su comportamiento y expresión. El/la primero/a no tiene propuestas propias y sus comentarios son imprudentes, incluso ofensivos. En el caso del/la segundo/a, basta una googleada para que en uno despierten las sospechas.

Une más, con gran currículo, me gustó por sus planteamientos en defensa de los derechos humanos, pero al verlo en persona me pareció tan arrogante que perdió de inmediato mi intención de voto.

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Hay por ahí une candidate muy agradable, con muy buenas propuestas, con historial activista, pero con el respaldo de un partido títere al que (lo siento, candidate) de ninguna manera le daré mi voto. Es de esos partidos que más vale que desaparezcan y dejen de mamar del dinero de los contribuyentes.

Hablemos de los grandes partidos y sus candidates. Une va sobre otre en las encuestas de intención de voto, y por mucho. Ahí se refleja el peso de las acciones, decisiones y resultados de los gobiernos de cada partido. No les conocí, no puedo opinar sobre su personalidad. Mis opiniones sobre sus propuestas me las reservo.

Adicionalmente, hay une candidate que asumió su postulación como un happening social, un performance artístico, y lo que plantea me parece sensato, útil y necesario. ¿Será que se lleve mi voto? No tiene posibilidades de ganar, pero al menos creo que quien lo haga debería poner atención a sus ideas social y ambientalmente responsables.

A propósito de quienes saben que no pueden ganar, hay un montón de candidates y candidates del montón.

Hay aspirantes a la alcaldía que uno se pregunta: ¿por qué se postularon? A algunes les reconozco que lo hacen para que sus voces sean escuchadas. De otres, de plano pienso que es por “chingarse” buena parte del presupuesto de campaña, por citar el supuesto audio de un infame actor convertido en candidato a una diputación federal.

Me quedan unos días para meditar quién se ha ganado mi voto. Incluso creo que el domingo, ante la boleta y el montón de aspirantes, seguiré dudando. Al menos no tenemos de candidates a actores, luchadores, cantantes, celebrities o payasos… ¿o sí?