Esta semana, el Secretariado Nacional de Seguridad Pública dará a conocer que la cifra de homicidios dolosos en el país ya rebasó los 100 mil en casi tres años de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, una cifra muy superior al mismo periodo de gobierno de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Será la evidencia más clara del rotundo fracaso de este gobierno para enfrentar la violencia y a las organizaciones criminales. ¿Qué podemos esperar en los próximos tres años? ¿En dónde veremos resultados para sentirnos optimistas? ¿Está funcionando realmente el “abrazos, no balazos”? ¿Se ha construido una verdadera fuerza policial para desmantelar organizaciones criminales y bajar así las sangrientas cifras?

Definitivamente las respuestas son pesimistas y negativas. Uno de los diagnósticos más precisos -y crudos- de la violencia lo dio a conocer la senadora zacatecana Claudia Anaya el pasado 21 de septiembre durante la comparecencia de la titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana federal, Rosa Icela Rodríguez, testimonio que, por cierto, fue totalmente ignorado por casi todos los medios nacionales.

“Al menos el 40 por ciento de los alcaldes de Zacatecas han sido visitados por la delincuencia organizada para pedirles que les entreguen el mando de la Policía Municipal y la Dirección de Protección Civil. Suerte tienen los alcaldes que sólo han sido buscados por un cártel para tal propósito. Entre una espada y otra espada, aquellos alcaldes que son buscados por dos o más cárteles para este propósito, ¿a quién obedecer? No obedecer es imposible, el cártel te mata.

“El cártel llega a reclutar, no es una guerra entre ellos, es una guerra contra cada uno de los otros; aunque no te metas, te toca. La delincuencia te salpica con la sangre con la que baña nuestras calles y nuestra tranquilidad. El cártel llega a llevarse a los jóvenes para usarlos de halcones o de carne de cañón, violan a mujeres, ocupan prioridades y se financian de lo que se les antoja; se financian de la extorsión y el secuestro; secuestran parejo, al que tiene, al que se esfuerza para tener y al que, sin tener, se endeuda para salir con vida de tal tiniebla. Se secuestra al carnicero, al ferretero, al industrial y al campesino, al que sea, al que sea. Algunos sobreviven y otros no. Y la autoridad, para ser sinceros, la Guardia Nacional se voltea cuando van pasando las camionetas adaptadas con torretas y cargadas de hombres armados: ‘Pase usted, don caballero’”, concluye. (Aquí lo puedes checar).

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En su errado diagnóstico sobre la violencia -como ocurre en otros asuntos nacionales- López Obrador está convencido de que la criminalidad tiene sus orígenes en la pobreza. Para ello, apuesta por entregar dinero a los jóvenes que ni estudian ni trabajan disfrazando estos regalos como becas. Como bien lo observa el académico Agustín Basave, este programa jamás funcionará, pues lo único que fomenta es el dinero fácil, situación que es explotada por el crimen organizado que, como empresas que son, los absorbe como su fuerza laboral, empleándolos como halcones, tal y como ocurre en Zacatecas y en muchas otras partes del país, incluido Guanajuato.

A todo esto, hay que agregarle que el presidente acompaña su estrategia antiviolencia con la prédica moral de portarse bien o acusarlos con sus mamás y abuelitas. El fin de semana, en los municipios de Apaseo El Grande y Silao, tres menores de edad -de 8, 14 y 3 años- fueron acribillados en compañía de sus familias, mientras que un bebé de 8 meses sobrevivió, aunque recibió una bala en el brazo.

Los tres años de nula estrategia de gobierno han llevado a estos niveles de violencia que rebasan incluso las atrocidades de una guerra convencional. Son más frecuentes y los ciudadanos están cada vez más a merced del fuego cruzado. Pero tal parece que la radiografía de la senadora quedó en el baúl, en un “ataque” más desde el Senado. En esos que solo buscan atacar al presidente y a la titular de seguridad federal. En 3 años más, la cifra de homicidios llegará a 300 mil… y seguirá predicando y regalando dinero.