El presidente se siente “triunfador” cuando aborda diferentes temas en su conferencia mañanera. Se siente ir “invicto” en su campaña contra la corrupción, contra la inseguridad, contra los privilegiados, contra las abusivos… En su visión, su cruzada a favor de los desposeídos, del crecimiento económico y del bienestar va arrasando a estas alturas del partido. Si lo trasladáramos al futbol americano, por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador se siente un head coach con un staff de coucheo de lujo (gabinete de papel) que barre a sus adversarios cada semana sin que los de enfrente ni siquiera metan las manos. Sus rivales son malos, no avanzan, ni figuran en estadísticas ni en el marcador.

Pero ¿qué pasa cuando hay verdaderos juegos (datos y realidades) en los que el presidente es claramente superado por la vida real y no quiere reconocer su revés? ¿Qué ocurre en los asuntos en los que ha sido vapuleado y prefiere retirarse calladito? En estas derrotas, López Obrador simplemente opta mejor por aplicar la del síndrome del avestruz. Esta es un breve recordatorio (el texto sería demasiado largo) de esos temas en los prefiere “callar como momia”.

BREVE RECORDATORIO

  • Ya pasó más de un año desde que prometió presentar un informe completo de la corrupción en los 109 fideicomisos que desapareció por decreto. En octubre del 2020 se dio un plazo de 10 días para entregar el informe.
  • Van tres años desde que el presidente anunció que el avión presidencial sería vendido, luego rifado (dos sorteos) y finalmente rentado sin que haya encontrarle destino final. Para su mantenimiento, Hacienda tiene contemplado asignar 331.4 millones de pesos para el 2022.
  • En agosto hizo una intensa campaña para que recursos del Fondo Monetario Internacional (FMI) por concepto de Derechos Especiales de Giro (DEG) fueran agenciados por su gobierno para destinarlos al pago de la deuda. El Banco de México le documentó la ilegalidad en la que recurriría en caso de arrebatar esos fondos.
  • No ha habido respuesta de su gobierno al reporte de la Auditoría Superior de la Federación en el que documenta que solo en su primer año de gobierno se desviaron 100 mil millones de pesos. Y faltan los siguientes años.
  • ¿Por qué no “presume” que el Aeropuerto Felipe Ángeles tendrá capacidad solo para 14 posiciones -ninguna móvil- y no las 120 que iba a tener el aeropuerto de Texcoco?
  • La inflación lleva 7 meses seguidos arriba de los rangos previstos por el Banco de México y sí ha hablado el presidente, pero solo para decir que todo “es temporal”.
  • Hasta el momento no se ha presentado ninguna denuncia penal por la presunta corrupción en la construcción del Aeropuerto de Texcoco y, a su vez opta por clasificar durante 5 años toda la información técnica y financiera del Aeropuerto Felipe Ángeles.
  • ¿Por qué López Obrador nunca reconoció que la concesión a Telmex ya estaba dada desde 2016 y que se prolongará hasta el año 2056? Se refirió al tema, pero para mostrar su ignorancia al respecto.
  • Tras la “consulta popular” de agosto pasado que costó 528 millones de pesos destinada a enjuiciar a los ex presidentes, López Obrador solo dijo que fue un “triunfo”. Hubo derroche y jamás volvió a hablar.
  • Conscientes del golpe económico de la pandemia, cálculos de analistas indican que el crecimiento económico anual promedio del sexenio de López Obrador será de 0.64%, como el de Miguel de la Madrid.
  • Al menos hasta este lunes optó por no hablar de la fraudulenta y espuria elección presidencial en Nicaragua, donde Daniel Ortega ganó su tercera reelección y cuarto mandato consecutivo para quedarse en el poder hasta el 2026.
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Es obvio que el presidente no tiene en su léxico “comerse sus palabras”.