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El documental de Nextflix que aborda el considerado primer narcoasesinato de un periodista influyente de México es un bienvenido estreno en tiempos en que el periodismo nacional sufre el peor embate desde el poder en su historia reciente.

“Red Privada: ¿Quién mató a Manuel Buendía?” es un muy atinado vistazo a cómo el autor de la columna Red Privada, que se publicó en el diario Excélsior hasta el momento de su asesinato el 30 de mayo de 1984, reunía información que ponía en jaque al poder por los crecientes nexos del sistema político con el crimen organizado.

Si bien la intención no es hacer aquí un spolier del documental, son de suma importancia los testimonios presentados por periodistas investigadores y analistas de los años 80 hasta nuestros días como Rogelio Hernández López, Raymundo Rivapalacio, Sergio Aguayo y el muy respetado Alfonso Zárate, quienes coinciden en cómo desde entonces llegó para quedarse la inmersión del crimen organizado en las más altas esferas del poder, moviéndose en ese entorno Manuel Bartlett, hoy director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Será la historia, y no la justicia, la que se encargará de juzgar a este siniestro personaje de la política mexicana al que inexplicablemente mantiene un gobierno que no se cansa de repetir que “no son iguales a los de antes”, cuando Bartlett Díaz representó a los intereses más oscuros y corruptos de los gobiernos priistas.

UN MODELO A SEGUIR EN EL PERIODISMO

Mi motivación y entrega al periodismo la debo, en buena medida, a Manuel Buendía. Lectura obligada desde mi último año de preparatoria, el estilo ameno, revolucionario y hasta sarcástico de la columna del periodista michoacano eran un hechizo lo mismo para estudiantes universitarios y aspirantes a la carrera de periodismo que para el círculo rojo, académico y, sobre todo, para el ciudadano común.

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En más de una ocasión me he preguntado ¿qué periodista o medio de comunicación es el que estaría motivando a los jóvenes estudiantes de preparatoria de hoy en día para enfilarse a la carrera de periodismo? ¿Loret de Mola? ¿Brozo? ¿Chumel? ¿Chapucero? ¿Lord Molécula? Por supuesto que no hay comparación alguna con el “bombardeo” mediático de los años 80 con el de hoy, el cual abarca desde redes sociales, videoblogs hasta un sinnúmero de sitios o cuentas electrónicas.

Pero hoy estamos encarrilados en un periodismo dominado por la ideología en vez de la función básica que es exhibir al poder, como en su momento lo hizo Buendía Tellezgirón. Cada vez que hay una investigación periodística documentada y completa que evidencia la corrupción y excesos de este Gobierno federal o estatal o municipal, no faltan las descalificaciones, el insulto o la diatriba contra el autor o los autores. “Eso es mentira”, responden desde el poder menospreciando la labor de un reportero-investigador, reproduciendo esta postura los seguidores del personaje en turno.

Para la mayoría, la “noticia correcta y/o asimilable” es aquella que se adapta a su modo de pensar, a su “ideología” o a lo que dice su personaje admirado, llámese presidente o gobernador o alcalde. El ejemplo más claro lo vemos en Facebook o en Twitter a donde se sigue o se dan “Likes” a los que “piensan como yo”. Adiós cualquier texto que me diga lo contrario.

Es cada vez más grande la intolerancia hacia las noticias “incómodas”. La paradoja de hoy en día es que estamos viendo un periodismo más profesional, pero más atacado y menospreciado. Qué pena que no haya más Manuel Buendía que motiven a través del periodismo a hacer un país mejor.

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