🔊 Escuchar esto La “cruda electoral” y las cientos de miles de “lecturas” a los resultados del proceso electoral del domingo en el país, han dejado fuera del análisis qué fue lo que realmente nos ofrecieron los candidatos a los diferentes puestos de elección. Si bien algunos hicieron propuestas honestas y con viabilidad, la mayor parte de ellos optó por lo estridente, lo mediático y, en la mayoría de los casos, promesas fuera del alcance del cargo que deseaban ocupar. A mí en lo particular me hubiera gustado escuchar al menos tres propuestas viables y alcanzables, pero las cuales nunca plantearon los candidatos -me atrevo a decir- de todo el país: Que los estudiantes de educación básica y bachillerato tengan como materia obligatoria hacer labores de asistencia social durante los veranos. Que haya transparencia total en todos los gastos públicos y se prohíban tanto las adjudicaciones directas como los blindajes por años de las obras públicas. Que en la mejora de la movilidad de los ciudadanos, el próximo gobernante enfrente a los concesionarios del transporte, al llamado “pulpo” que tiene décadas de someter a los usuarios. Voy por partes. En el libro “Mañana o pasado”, Jorge Castañeda dedica un extenso capítulo a una vergonzosa realidad entre los mexicanos: un mínimo porcentaje participa en actividades de labor social destinadas a ayudar a personas en situación de vulnerabilidad. SOLIDARIDAD OLVIDADA A los mexicanos no nos inculcan desde pequeños esa cultura de trabajar cada verano, por ejemplo, a favor de sectores marginados, como sí ocurre en otros países. Generalmente, las vacaciones de verano son el mejor espacio para vacacionar, para distraerse o inscribir a los pequeños y jóvenes en cursos con alguna actividad lúdica, pero casi nunca para cumplir obligatoriamente una labor social hacia los sectores desprotegidos. Con esto no quiero decir que no haya este tipo de labor. Hay ejemplos de fundaciones privadas o asociaciones civiles que sí reclutan a jóvenes para cumplir y apoyar distintas tareas sociales, pero lo hacen de manera voluntaria. Es común ver que acudan a parques o a áreas naturales e incluso playas a recoger desechos. Pero cuando llegan a trabajar en comunidades rurales o aisladas es porque la institución educativa los obliga y este trabajo forma parte del servicio social. Debe ser una materia escolar obligatoria el aprender a ser solidario con otras personas desde la educación básica. OPACIDAD Y TRANSPARENCIA En cuanto a la transparencia, los candidatos pudieron haber hecho pronunciamientos estridentes, pero la regla es que hoy está tan viciada que es manejada a conveniencia desde todos los niveles de gobierno. No hay sanciones en contra de algún alcalde, gobernador e, incluso, contra un presidente que se niegue a transparentar todo el desarrollo de una obra pública ejecutada. ¿Ejemplos? Desde el propio presidente se niega a transparentar los gastos de obra que ha otorgado al Ejército en todo el país. Por último, nunca he visto a un alcalde o gobernador que enfrente firmemente a los concesionarios del transporte público y les quite rutas por incumplimiento y afectaciones a los usuarios. Para empezar, muy pocos usuarios del transporte pueden identificar qué rutas están concesionadas y cuáles son de un gobierno, que en la mayoría de los casos llegan a ser mínimas. Casi todos los concesionarios del transporte son los mayores chantajistas de los gobiernos: o les subsidian las tarifas o les disparan los costos y, la mayoría de las veces, no invierten en unidades para mejorarlas. Y aunque son supervisados, los dueños de rutas pocas veces cumplen las demandas de los usuarios, como algo tan básico: informarles de los horarios de ruta. Sé que hay muchos otros temas más, pero las buenas sociedades empiezan desde lo básico: ser solidarios con el prójimo, exigir una verdadera transparencia a los gobernantes y demandar movilidad segura permanente. Compartir Navegación de entradas El ofensivo derroche de las campañas y los partidos (muy) chiquitos ¿Los mexicanos que ganen en Tokio también serán egoístas, presidente?