Esta pandemia ha provocado mucho dolor en miles de familias y una gran disrupción en la vida de todos.

Así como compartimos el pesar de los familiares de las víctimas de fenómenos naturales, sean terremotos o inundaciones, ahora también debemos recordar que los 86,388 mil muertos por el COVID-19 (al 19 de octubre) en nuestro país tenían nombre y una vida. No son solo una estadística (minimizada, me parece, por las acciones y actitudes de las autoridades de salud federales).

Estragos del COVID

Son más 85 mil familias destrozadas y confundidas. Tan difícil es comprender que uno de nuestros seres queridos sea víctima de la delincuencia y lo perdamos en un segundo, como llevar a nuestro padre, madre, hermano, prima al hospital y en pocas horas enterarnos de su fallecimiento. Como mexicanos, debemos de condolernos por cada una de esas muertes.

Los trastornos que ha provocado en nuestras vidas van, además, desde la pérdida de empleos o de ingresos hasta el distanciamiento obligado de amigos y familiares. Incluso el confinamiento en casa ha hecho aumentar las tasas de violencia familiar (aunque algunos se nieguen a aceptarlo, no todas las familias son un dechado de armonía y amor incondicional).

Nuevas oportunidades

Pero la pandemia también ha ofrecido nuevas oportunidades a todos. Hay quienes se han dado cuenta que pueden vivir sin lo que antes les parecía indispensable: un amplio guardarropa, gran variedad de zapatos, comidas frecuentes en restaurantes, fondas o, incluso, el puesto de antojitos de la esquina.

Otros reaprendieron a vivir sin tanta presión y estrés gracias a que no tenían que desplazarse a ninguna parte, ni siquiera a la escuela o el trabajo. Algunos más han redistribuido su tiempo libre para dedicarlo a pasatiempos relajantes, hacer ejercicio, o aprender algo nuevo.

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No falta el que ha encontrado una oportunidad de negocio en la pandemia. En casa no tenemos que buscar muy lejos para recibir carne de excelente calidad, platillos caseros deliciosos, pan recién horneado, frutas y verduras frescos. Algunos vecinos los ofrecen casi diariamente en el Whats del fraccionamiento.

Esto ha propiciado una mayor convivencia vecinal. Nos conocemos y nos apoyamos más unos a otros. Incluso los niños han encontrado nuevos amigos en la casa de junto y ahora se escucha más barullo infantil en el exterior.

La pandemia ha causado luto en muchas familias, pero, al menos en mi barrio, está forjando una nueva gran familia.