Irapuato
fabrica de ilusiones

En medio de la vorágine laboral de los últimos días del año, dejé pasar una noticia que sí me dio que pensar: la mención del presidente Andrés Manuel López Obrador a las “nuevas palabras del periodo neoliberal”: resiliencia y empatía.

Según el diccionario de la Real Academia Española, que nos guste o no rige la corrección en nuestro hablar y cambia conforme el uso popular crea o da nuevo significado al lenguaje, estas son las definiciones de estas “palabras neoliberales”:

Resiliencia:

1. f. Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.

2. f. Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.

Empatía:

1. f. Sentimiento de identificación con algo o alguien.

2. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

Mi opinión personal, sin creerme experta en psicología ni ahondar en cuestiones etimológicas, es que ambos conceptos nos son muy útiles en estos tiempos.

Sacudida doble

Por un lado, nos enfrentamos a un terremoto político que ha resultado perturbador en muchos sentidos, tanto positiva como negativamente (y no me vengan con que todo lo decidido y emprendido por este gobierno federal ha sido bueno, saben, aunque sea en el fondo de su conciencia, que hay “prietitos en el arroz”). Aquí cabe aclarar que no soy de quienes consideran impolutos a los gobiernos anteriores (o a los opositores que sobreviven en este vendaval), pero ni voté por el actual ni me parecen atinadas sus acciones y decisiones; y sí, aborrezco a los políticos “profesionales” (aquellos que encarnan la corrupción, entre otros males) y a los partidos políticos “tradicionales” (los cuales, sin hacer acto de contrición, ahora se sienten la oposición salvadora).

Por otro lado, y volviendo al tema, vivimos una pandemia que ha afectado profundamente a nuestra sociedad, nuestra comunidad y nuestra familia, así como a nuestros hábitos y costumbres. Debemos mantenernos en casa lo más posible, distanciarnos incluso de los seres queridos, extremar nuestras medidas de higiene; ah, y usar tapabocas siempre.

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Enfrentamos el temor de un contagio, al tiempo que tratamos de manteneros a flote en medio de la perturbación económica creada. Ante esta sacudida doble, no nos queda más que ser resilientes, tanto para adaptarnos como para idear nuevas estrategias de supervivencia y defensa, y ser empáticos, a fin de identificarnos con los más afectados y responder de la mejor manera a sus necesidades.

Les aseguro que, en este 2021, mientras esperamos nuestro turno para vacunarnos y la oportunidad de votar, resiliencia y empatía son dos buenos propósitos que sí podemos cumplir. Dependen solamente de nuestra decisión y actitud.