Irapuato
fabrica de ilusiones

La mujer se sienta al centro del grupo que está de pie a su alrededor para la ceremonia oficial. Me parece que se estremece. Es una mañana fría y viste solo su inmaculado uniforme blanco de enfermera.

Ese temblor que imagino, sin embargo, pudiera provenir de su interior. Quizá se deba a la emoción de estar a punto de, al fin, sentirse protegida contra el flagelo que, junto con sus compañeros del sector salud, ha combatido en los últimos meses.

También podría estar pensando en sus compañeros que no tuvieron la suerte de sobrevivir hasta este momento que pudiera ser definitorio en esta pandemia.

O, quién sabe, se debe a un temor recóndito a los efectos a corto, mediano y largo plazo de una vacuna contra el COVID-19 que los científicos del mundo desarrollaron a marchas forzadas y mediante el uso de nuevos métodos favorecidos por la tecnología.

Un personal médico aliviado

La realidad es que han circulado videos y testimonios de médicos y enfermeros que, más que miedo, expresan su alivio al estar siendo vacunados finalmente.

Entre ellos cuento a un antiguo y buen amigo de la familia que ha visto morir no solo pacientes, sino también a amigos y compañeros en el hospital del ISSSTE en el que trabaja en la CDMX. En su publicación en Facebook este mismo miércoles, mira de frente a la cámara y publica: “Por fin llegó el momento de ser vacunado contra el COVID-19”.

Tanto la enfermera, que fue la primera vacunada en Guanajuato, como mi estimado doctor Tito, quien ya superó una infección, han enfrentado con valor y vocación (no sin temor, claro) al nuevo coronavirus que ha trastocado la vida de los humanos en el mundo y ha arrebatado la vida a tantos (al día de ayer, 135 mil 682 personas en México y un millón 979 mil 034 en el mundo).

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Rostros que me hablan

Siento que el dolor, y no por la inyección, se asoma a sus rostros. También el agotamiento por tantas horas en la lucha. Y la exasperación ante tantos descreídos (o, de plano, con perdón de ustedes, valemadristas). Asimismo, vislumbro en sus ojos la esperanza de que esta dosis sea el principio del fin.

Por supuesto, nadie en el mundo cree que este virus vaya a desaparecer, y menos con la actitud irresponsable, despreocupada o rebelde que tantos entre nosotros demuestran. Pero, al menos, el personal de salud, el que está en la primera línea de la batalla, ya se sentirá menos desprotegido. Ya puede ver un rayito de esperanza al final del túnel.