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Desde que era niña, siempre observé como era tan importante para las personas la figura y forma de nuestro cuerpo con todos sus cambios, los cuales podían ser considerados “buenos” o “malos”, aspecto que no era exclusivo de género, pero que se volvían de forma constante hacia las mujeres de mi alrededor.

Algo que a veces no comprendía, era el hecho de tener que estar siempre bajo las diversas opiniones que cuaquiera pudiera emitir hacia mi persona, sintiendose con el derecho de opinar o hablar sobre el aspecto de mi cuerpo, sin importar si eso me hacía bien o mal.

En mi caso, fueron bastantes los cambios físicos que experimenté, hubo una etapa en la que “crecí para los lados” y era “más cachetes que niña”, una etapa que me tocó pasar con una gran amiga, en donde nuestras madres preocupadas, por nuestro aspecto, procuraban cuidar que no comieramos “mucho dulce o chucherias” para “no engordar”, aspecto que en una etapa de 9 y 10 años es casi imposible dejar de ser “regordeta y cachetona”, porque es normal…

Con la llegada de la adolescencia, “adelgacé bastante” hasta terminar siendo un “palito”, y no por que me pusiera a dieta, ya que siempre procuré alimentarme bien, siempre tuve una estatura media o media alta, pero de repente pasé a convertirme en una “jirafa”, fue un momento en el que pasé de tener un nombre a convertise en mil y un apodos que se refirieran al estado actual de mi persona, en donde lo relevante era si había crecido más, que si mis brazos eran muy largos, si mis piernas, si estaba enferma, si practicaba “la bulimia”, porque de “tan bien que comía…. ¿Cómo le hacía para estar tan delgada?”, incluso llegué a ser señalada de ser anoréxica.

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Entre lo que escuchaba y observaba en mi entorno, una constante era el esuchar entre “chicas” los mil y un métodos para la “búsqueda del cuerpo ideal”, el estandar constante del “90-60-90”, en donde no era de extrañarse el escuchar dietas tan absurdas, así como el ver o escuchar a alguien vomitando en el baño después del receso.

En esa etapa de mi vida, amigas cercanas y conocidas, pasaron a ser internadas para atenderse severos probelmas de transtornos alimenticios, y ante todo ello, mi aspecto personal comenzó a importarme menos, así como las opiniones y preferí ver con otros ojos, empecé a cuestionarme ¿poqué querer tener el mismo cuerpo idela si todas éramos tan diferentes? Y no me malentiendan, para mi esas diferencias, eran la esencia y los razgos tan característicos que nos hacían únicos como persona.

Con el paso del tiempo y al crecer, la búsqueda del “cuerpo perfecto” continuaba, y ahora predominaban las intervenciones quirúrgicas como una ”necesidad” para lograrlo, que si bien no estoy en contra de ellas, lo molesto, era que alguien más sugiriera que lo necesitabas para poder lograr “algo más”, o para poder obtener un “puesto”.

EL CUERPO IDEAL ACTUAL

Actualmente, desde mi punto de vista con las redes sociales, y en el intento de promover un estilo de vida, “bien visto”, se ha reforzado de forma constante el concepto del cuerpo ideal, pero en esta ocasión, todavía más alejado de la realidad, en donde por medio de aplicaciones de “photoshop”, se procura un cuerpo ficticio, lejos de ser natural o real, que nos imponen en revistas, que observamos en “influencers” o en bailes de “tiktok”.

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Lo preocupante de ello, es que este tipo de mensaje es primordialmente recibido por niñas, niños y adolescentes que se encuentran en su etapa más vulnerable, y en los cambios más drásticos de su vida, en donde les resulta difícil creer que puedan encajar en estas tendencioas impuestas…

Si tan solo tomamos en cuenta que somos 7,684 miles de millones de personas las que habitan este mundo, según el World Fact Book de la CIA hasta el 2020¿Por qué buscamos enfrascar nuestros cuerpos en una medida limitante?

Por otro lado, algo bueno ante la conexión con las redes sociales, se encuentran aquellas personas que comparten contenido real, aquellas marcas que apuestan por “modelos y colores reales” en donde se promuve diversidad y se hace uso de “menos filtros”.

Finalmente, considero que romper con los estándares de belleza para lograr el “cuerpo perfecto”, es una responsabilidad que tenemos como sociedad, promover una vida saludable es la prioridad.

 

-Andrea Gómez.