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Son infinitas las ocasiones en que desde el año 2020 la enfermedad del Covid-19, nos ha dejado muchos padecimientos, y no me refiero precisamente a los síntomas exactos de la enfermedad, pues nos ha mostrado un reflejo social en todos los aspectos.

Pese a que uno siempre busca atender de forma constante las recomendaciones, uno desconoce el momento en que vaya a enfermar o vuelva a recaer a causa del virus…

Virus del cual se desconoce aún con exactitud su origen, ya sea por desconocimiento, o por lo más oscuro y sombrío de los intereses internacionales y políticos que la Organización Mundial de la Salud (OMS), y muchos gobiernos no terminan de aclarar, investigar, suponer etc.

Sin embargo, hoy me quiero focalizar a todos aquellos sentimientos que hemos padecido como sociedad ante su llegada, y es que aunque siempre se busca hablar de los aspectos positivos que ha dejado esta a su paso, es imposible ignorar las miles de muertes que esta enfermedad causó en el transcurso de los meses, y con ello, las miles de familias rotas a las que les deja daños irreparables, con la tristeza a flor de piel, por todas aquellas despedidas que nos fue imposible de hacer, por aquellos abrazos que nos hubiera gustado dar o por aquellas palabras que son necesarias en el “lecho de muerte”.

De esta forma, las muertes que parecían no venir, dejan un vacío irreversible, una ansiedad constante a causa de la incertidumbre y una tristeza profunda con lágrimas ilimitadas…

Para todas aquellas personas que han perdido  un ser querido, les  doy mi más sentido pésame, para quienes están luchando contra la enfermedad, les deseo fortaleza, y fuerza para hacer frente…

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Y es que lo más terrible de esta enfermedad, es que no nos permite acercarnos, dar palabras de aliento, hablar de frente, incluso poder dar un cálido abrazo, beso o caricia.

Tampoco nos permite el tener una seguridad financiera, pues de la noche a la mañana, hemos visto la caída de empresas y negocios, aumentando las tasas del desempleo y la ausencia de sustentos para llevar algo de comer al hogar…

En lo personal se me rompe el alma poco a poco con el distanciamiento, y puedo asegurar que no soy la excepción, lo único que puedo expresar es que lo que tenemos en este presente tan desesperanzador, es “el vivir cada día como si fuera el último”, el decir aquello que sentimos, pensamos o en lo que creemos, pero sobre todo el estar conscientes de que el mañana no está asegurado, y que es “ahora o nunca” lo que podrá definir nuestro futuro.

-Andrea Gómez.

 

 

 

Fotografía alusiva vía: Radio María.