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Las aventuras de Victoria

Capítulo II “El amigo imaginario” 

Durante los intensos meses de pandemia, donde las cifras por Covid-19 no eran tan altas pero aún así estábamos en casa, tuve la oportunidad de descubrir un mágico mundo a lado de la pequeña Victoria.

La dulce infante de dos años y medio, me mostró que en la adversidad, la imaginación puede ser una salvación para la mente.

¿No es hermosa la inocencia en la niñez? La pureza de un ser puede crear maravillas inigualables.

Una tarde mientras ordenaba la ropa me percate de que la dulce Victoria se encontraba jugando de una manera muy peculiar, fue ahí cuando me entere que tenía lo que parecía ser un amigo imaginario.

Pero no cualquier clase de amigo, ella decidió crear un perro, más que una mascota es un compañero que la acompaña en todas sus aventuras.

Puede estar comiendo, y de repente ¡Sorpresa! el pequeño cachorro la empieza a molestar (curiosamente cuando ella ya no quiere comer más).

A veces la veo en el jardín enseñándole a hacer trucos, y puedo jurar que lo veo.

La felicidad en su rostro al jugar con su fiel amigo, sus carcajadas flotando sobre el viento, los movimientos que hace con las manos, e inclusive el momento exacto en que ella lo abraza es tan real que te contagia y puedes apreciar al pequeño cachorro.

¿En que momento perdemos esa facilidad para crear y sonreír? ¿Cuando abandonamos las maravillas que nos otorga la niñez?

Mantén la mente abierta a la imaginación, y seamos felices como niños.

“La infancia no va de una edad concreta a otra. El niño crece y abandona los infantilismos. La infancia es el reino donde nadie muere.” – (Edna St. Vincent Millay) 

Por: Andrea Sánchez

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