Irapuato
fabrica de ilusiones

¿Qué ocurre cuando un país deja la politiquería barata y hoy es mostrado como ejemplo en el control de la pandemia? La respuesta está en Chile, una pequeña nación de apenas 19 millones de habitantes.

Pongo de ejemplo a este país del sur del continente porque desde el inicio de la pandemia registró los mismos escenarios, conflictos y críticas hacia sus gobernantes por las decisiones erráticas y torpes, tal y como ocurrió en nuestro país.

Sus primeros casos de Covid-19 se presentaron a principios de marzo. Y desde esas fechas empezaron las críticas de la sociedad civil, principalmente de académicos y especialistas médicos. Desde ese inicio, el gobierno chileno nunca levantó cercos sanitarios, nunca hizo obligatorio el uso del cubrebocas, nunca aplicó medidas de sana distancia y tampoco decretó un confinamiento.

Al igual que México, su economía quedó estancada. Las primeras medidas del Estado chileno se enfocaron en la entrega de apoyos a las micros y pequeñas industrias, pero a través de bancos, en un intento por salvar una economía en la que 45 por ciento de los empleados están en el sector informal. Las críticas no tardaron considerando que los bancos se prestan al favoritismo.

Y esto ocurría mientras su peculiar sistema de salud -heredado del “neoliberalismo” creado durante la dictadura militar- empezó a verse colapsado. La salud de los chilenos es atendida mayormente por el Estado, con cifras que oscilan en 80 por ciento de derechohabientes.

De hecho, mayo fue el mes más crítico para Chile: 99 mil 688 de los 723 mil 493 contagiados en total se registraron durante ese mes, con un saldo de 827 fallecidos (https://bit.ly/3b7lXrv). Pero la clave del Ministerio de la Salud (Minsal) chileno fue su manejo independiente de los recursos y sin intervención de políticos.

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LAS 3 CLAVES DEL ÉXITO

Luis F. López-Calva, director regional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para América Latina y el Caribe explicó a la cadena BBC cuál fue el éxito actual Chile: primero, tener los recursos financieros para adquirir las vacunas; segundo, tener una buena estrategia para hacer la distribución de las vacunas y, después tener la capacidad institucional y la estructura gubernamental para implementarla (https://bbc.in/3pj8z8F).

Durante julio y agosto, un grupo interdisciplinario de autoridades de Salud se fijaron como meta iniciar negociaciones con 11 laboratorios del mundo. Con cinco firmas establecieron acuerdos y firmaron precontratos para adquirir las vacunas. Y no solo eso, también se hicieron acuerdos con aerolíneas -Latam y MartinAir- para transportar los biológicos desde los Emiratos Árabes, sede del principal centro de operaciones de Pfizer y BioNTech.

¿Seguimos? Tras hacer ensayos clínicos en territorio chileno con 3 mil voluntarios, las vacunas se acercaban y fue el 24 de diciembre cuando empezó a aplicar las dosis. (El trabajo detrás del escritorio está documentado por el portal Infobae https://bit.ly/3b7lXrv).

Hoy Chile aplica 200 mil vacunas diarias, un ritmo solo superado por Estados Unidos, y con los biológicos que compró desde hace seis meses. A fines de año alcanzará la “inmunidad de rebaño”, con más de 70 por ciento de su población vacunada.

La gran diferencia de Chile con México es dejar trabajar a los especialistas en salud e impedir que la política les detenga sus planes y estrategias. Poco qué agregar al contraste con México donde su presidente se dedica más a la politiquería acusando al pasado y a decir que “vamos bien” en el “control de la pandemia”. Dejó pasar meses -y miles de muertos- en vez de replicar una estrategia altamente exitosa que se abocó a atender a sus ciudadanos sin distinción.

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