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En la conferencia mañanera del 17 de septiembre pasado, el entonces director de la Lotería Nacional, Ernesto Prieto, daba a conocer orondo a los ganadores de la “rifa del no avión”: 13 hospitales del país se hicieron acreedores de 20 millones de pesos para mejoras y brindar más y mejores servicios a pacientes de diversos municipios del norte, sur, este, centro y oeste del país.

A su lado, el presidente Andrés Manuel López Obrador se jactaba diciendo: “(…) fue un éxito, que el avión -lo dije hace unos días, lo repito- nos va a dar más de cuatro mil millones de pesos y todo ese dinero es para la compra de equipo de hospitales públicos y todos esos equipos que se van a comprar, sean tomógrafos, equipos de rayos X, ambulancias, todos van a llevar una plaquita haciendo referencia a la rifa del avión presidencial y el año, como parte del inventario”.

Al hacer uso de la palabra, Prieto Ortega enlistó los nosocomios “ganadores”:

  • Hospital General de Jojutla (Morelos) “Ernesto Meana San Román”
  • Unidad Tampico del Issste, Tamaulipas-Tampico.
  • Issste de Fresnillo, Zacatecas.
  • Hospital Militar Regional de Torreón, Coahuila
  • Hospital Militar de la Zona de Ixcotel, Oaxaca
  • Hospital General de Huixtla, Servicios Especiales en Chiapas
  • Hospital IMSS HCZ1 de Tepic, Nayarit
  • Hospital General de Boca del Río, Veracruz
  • Hospital General de Toluca, IMSS, Estado de México, Toluca
  • Hospital Integral de San Ignacio, Servicios Estatales del estado de Sinaloa
  • Hospital General Regional I de Charo, IMSS en Michoacán
  • Hospital Comunitario San Diego de La Unión, Guanajuato
  • Hospital General “Miguel Hidalgo y Costilla”, Bicentenario, Servicios Estatales en el Estado de México, en Tejupilco.
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Hoy, casi 10 meses después del bondadoso anuncio, solo un nosocomio “ganador” ha recibido los 20 millones y es el ubicado en el estado de Sinaloa (¿?), según una investigación de la reportera del Grupo Fórmula y del portal La Silla Rota, Andrea Meraz. Como debe ser la labor de una periodista, Meraz investigó en todos los nosocomios “premiados” con entrevistas y solicitudes vía transparencia para verificar si habían recibido los recursos y el resultado fue que no existe evidencia documental de los pagos. Es decir, al menos 240 millones de pesos están perdidos, no se tiene conocimiento de su paradero, pues ninguno de los 12 nosocomios ha recibido el dinero. (Aquí puedes consultar la nota y la información divulgada por Azucena Uresti.

La información fue complementada con reporteros de Grupo Milenio, quienes evidenciaron el deterioro evidente de la mayoría de hospitales, así como el silencio de la mayoría de los directores de los hospitales que no informaron sobre el paradero o si recibieron el depósito de los 20 millones.

¿QUIÉN MIENTE, PRESIDENTE?

El miércoles pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador “inauguró” su sección “Quién es quién en las mentiras” con el objetivo de “desmentir” la información publicada que considera falsa -o crítica contra su gobierno- de los medios de comunicación y de los columnistas y/o periodistas influyentes. El ejercicio, a todas luces desaseado -como señalar que Univisión es un “periódico”, exhibir información de Forbes del año 2017, criticar un reportaje del diario El País México por no pedir información oficial cuando el texto ahí lo decía, entre otras perlas- tiene una sola intención: desprestigiar el trabajo diario de los periodistas.

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La reportera Meraz y los corresponsales de Milenio han hecho lo que todo buen periodista debe hacer: cuestionar al poder y comprobar si la información oficial es cierta. Desmintieron lo que el 17 de septiembre nos vendieron como un logro, como un avance, como un “ya no somos como los de antes” y mostraron algo todavía más grave: la corrupción o posible jineteo de dinero público que debió entregarse a nosocomios en tiempos de pandemia.

Qué bueno sería que el gremio periodístico cerrara filas e hiciera un contrapeso al presidente abriendo una sección que podría titularse “De los dichos a los hechos”. Pero, como lo hemos visto en los últimos dos años y medio, nunca habrá tal, aún cuando sea el segmento ciudadano más atacado.