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Como “no es de costumbre”,  cada noche se espera la asistencia de Don Francisco al “Bar el triángulo”. Es jueves, y esta ocasión a su llegada se encuentra acompañado de Alicia, una mujer despampanante con ojos verdes cautivantes, y un pelo rojo, que es fácil de identificar desde cualquier punto de aquel espacio, el cual cuenta con un olor peculiar, que busca imperar sobre algunas colillas de cigarro y olor de algún aromatizante para ambientar el lugar.

Don Francisco a su entrada, hace una seña, que va dirigida  al pianista del fondo y a la cantante, seguido de un, “¡Ya saben… La buena muchachos!”.

De fondo suena, “Why do birds suddenly appear… Every time you are near?”, seguido de un apasionado beso en la mesa al fondo del bar, que es sigilosamente observada, por aquellas tres tristes almas asistentes en la barra, que con un poco de tequila y limón piden calmar a tragos el dolor de algún mal día y uno que otro desamor, según afirma el mesero.

La canción termina, y Alicia sonriente le pregunta al mesero, le pueda indicar la ruta al tocador, misma acción que es recurrente cada jueves, en donde la pelirroja pregunta, como si estuviese admirada y aparentemente parece desconocer el espacio.

El mesero quien portaba una charola, deja a su vez en la mesa una botella de tequila reposado, una copa de vino tinto, un botanero con cacahuates y una que otra fruta.

El celular de Don Francisco suena, y este al verlo con indiferencia solo lo apaga, bajando la mirada, posteriormente, a la señal de su mano, le indica al pianista y a la cantante ,“Échate la de bésame mucho”. Y enciende un cigarrillo.

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Mientras, de fondo se escucha,“que tengo miedo a perderte perderte después”… Llega Alicia, a la mesa y le susurra al oído unas palabras Francisco, al cual inmediatamente le surge una sonrisa de su rostro.

Tras llegar la botella de tequila reposado a “un cuarto”, cinco copas vacías en la mesa, y cuatro latas de refresco vacías, Alicia nuevamente se levanta y se dirige al baño, ahora sin pedir indicaciones, pero perdiendo un poco el equilibrio.

Don Francisco esta ligeramente cabeceando, suena de fondo el final de “The Piano man”, el y su pareja son los únicos en el bar. El mesero se acerca a la mesa y le soba el hombro a Don Francisco, ”va a querer algo más sino para hacer corte”.

Aquel hombre, desde su asiento negó con la cabeza, y sacó de su bolsillo un fajo de dinero de una cantidad bastante apreciable, un fajo de billetes de mil y otro fajo de a quinientos.

Deja seis billetes azules en la mesa, “Lo demás a propina”. El pianista y la cantante se aproximan a la mesa, para cobrar las canciones a Don Francisco, quien antes de permitirles decir algo, toma tres billetes azules, y se los da al pianista, “Mientras haya un buen tequila, buena música y un buen amor, no habrá pena que impere mi buen amigo”.

Posteriormente, Alicia bajas las escaleras y al llegar a la mesa, sonríe amablemente a la cantante y al pianista. ”Vámonos mi amor, que aquí la noche no termina”, dijo Don Francisco con una sonrisa.

A la partida de aquella pareja, el mesero cuchichea al pianista, “Lástima de vida no cree mi buen… De lunes a miércoles puras tristezas en la barra y sin dinero, pero el jueves, viernes y sábado pura vida, el amor toca a su puerta y pura felicidad, pero bueno uno que se fija veda”. 

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El pianista, y la cantante asienten, comienzan a recoger sus cosas, y al retirarse se cierran las puertas del bar a la par.