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Si hubiera escrito esto el domingo, lo hubiera hecho desde la rabia. Hoy, lo hago desde la indignación.

El Día de la Amistad perdí a una amiga por el COVID-19. Ese día, primero me sentí muy triste, pero luego me invadió la ira. ¿Cómo puede el gobierno de un país ser tan irresponsable? ¿Cómo puede ser tan incompetente? ¿Cómo puede ser tan mentiroso?

Sé que habrá muchos que me rebatirán que la pandemia es mundial y que la culpa de la propagación desenfrenada del coronavirus es también de nosotros los ciudadanos. Pero este gobierno federal no ha hecho nada, ni siquiera el pequeño gesto de usar un cubrebocas para servir de ejemplo al “pueblo bueno”… y no tan bueno.

La decisión de mentir

Meses tuvieron para preparar una estrategia para enfrentar esta emergencia médica que inició en diciembre de 2019 al otro lado del mundo, pero en febrero de 2020 decidieron cruzarse de brazos y empezar a mentir.

Palabras más, palabras menos, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, dijo que “se trata de una enfermedad de baja virulencia comparada … con la influenza”, que “este virus no es necesariamente mortal”, que “los asintomáticos no contagian”, que el “cubrebocas no sirve para proteger de una infección”, y seguimos sumando sus embustes.

Por su parte, el presidente Andrés Manuel López Obrador invitaba a finales de marzo a  seguir saliendo a restaurantes, a seguir conviviendo, a no paralizar actividades “sin ton ni son de manera exagerada”.

Luego él y gente de su partido, hasta gobernadores, salieron con sus mafufadas de que los “detentes” nos protegerían, que “solo los ricos se enferman”, que el caldo de pollo evitaría recaídas a los enfermos de coronavirus, que las gotas de quién sabe qué servirían para evitar una infección.

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Un gobierno que estorba

Mi mamá decía: “Si no ayudas, no estorbes”, y este gobierno federal no ha hecho más que estorbar a los científicos, infectólogos, epidemiólogos y médicos en general que han tratado de guiarnos y aconsejarnos en los últimos 12 meses.

Cuánto tiempo le llevó a López-Gatell reconocer que el cubrebocas servía para prevenir los contagios, y aún así expresó sus reservas. Y luego de su supuesta infección de COVID-19, el mandatario mexicano salió a decir que, de todos modos, no usaría cubrebocas.

No, pues sí, la gente, SU gente, los mexicanos, le importamos un cacahuate. La comunicación visual es más poderosa que la verbal; el ejemplo arrastra más que las palabras. El simple gesto de usar cubrebocas en todos sus eventos públicos, en sus inútiles “mañaneras”, para empezar, hubiera sido suficiente para que muchos ciudadanos tomaran en serio está medida de prevención tan valiosa.

Mentiras vemos, intenciones no sabemos

La mentira más malintencionada, porque ha jugado con nuestra esperanza y nuestra ansiada sensación de seguridad, ha sido el teatro de las vacunas. Han hablado desde noviembre de 2020 de millones de vacunas por llegar. Y luego, el 23 de diciembre, fueron al aeropuerto a recibir un primer cargamento de 3 mil con toda la faramalla de que fueron capaces. Ah, eso sí, cinco días antes hicieron un “simulacro de traslado de vacunas” que interrumpió el tráfico en la CDMX e hizo pensar a muchos que realmente llegarían por montones y se necesitarían caravanas para su distribución.

Finalmente, parece que comienzan a llegar más regularmente las vacunas contra el COVID-19, de varios productores; CanSinoBio el día 11 de febrero, de AstraZeneca hace dos días y de nuevo de Pfizer este 15 y 16 de febrero.

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Pero, para que no quede duda del uso electorero que le están dando a la vacunación, el partido Morena empezó a hacer campaña con un spot donde anunciaba que devolvería el 50 por ciento de sus prerrogativas de 2021 “para la compra de vacunas”, y en las brigadas de vacunación se incluyó a “Servidores de la Nación” quienes, según reportes de la CDMX de este lunes, cuando se inició la vacunación para adultos mayores en zonas marginadas, solo entorpecen el proceso al estar tomando datos y fotos a los vacunados.

Lloramos a casi dos millones de muertos

Al 15 de febrero de 2021, México tenía 1,995,892 casos confirmados de COVID-19 (3,098 más que el día anterior), 174,657 fallecidos (450 más). Evidentemente, nos sobran los contagios, nos faltan una campaña de vacunación más amplia y eficiente.

Mientras, en medio de la indignación, no nos queda más que padecer las consecuencias físicas y emocionales del confinamiento, del temor a un contagio, de una enfermedad de secuelas desconocidas y de estar llorando, en soledad, a nuestros muertos.