Andrés Manuel López Obrador ha vuelto a mostrar que en política exterior también es un fracaso. La realidad de la política internacional jamás podrá ser manipulable como acostumbra hacerlo con la de nuestro país en cada mañanera cuando acomoda a su conveniencia las cifras de seguridad, desempleo, crecimiento económico y un largo etcétera.

El presidente atestiguó en carne propia que no es lo mismo tener al lado a un sumiso y servil gabinete como ocurre en las mañaneras a ser el anfitrión de varios mandatarios latinoamericanos que reflejaron una realidad continental muy diferente en asuntos tan importantes como derechos humanos, comercio y migración, por mencionar algunos, a la que percibe Andrés Manuel encerrado en el Palacio Nacional.

En la recién concluida cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) realizada el fin de semana en la capital país y que tuvo como sus invitados a los mandatarios de Cuba y Venezuela, Miguel Díaz-Canel y Nicolás Maduro, el presidente mexicano se visualizaba como el nuevo “Simón Bolívar”, como el nuevo gran estadista unificador de Latinoamérica defensor de la soberanía de los pueblos del continente que viven bajo la pobreza, por las “políticas neoliberales” de las últimas décadas. Para ello, propuso construir un bloque latinoamericano parecido a la Unión Europea y sustituir a la Organización de Estados Americanos (OEA) a la que acusa de ser “pelele” de Estados Unidos que tolera bloqueos y de malos tratos.

El terreno empezó a improvisarlo desde fines de julio cuando el presidente conmemoró el 238 aniversario del nacimiento de Simón Bolívar en el Castillo de Chapultepec. “No debe descartarse la sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie sino mediador a petición y aceptación de las partes en conflicto. La propuesta es ni más ni menos que construir algo semejante a la Unión Europea, pero apegado a nuestra historia, nuestra realidad y a nuestras identidades”, había dicho ante cancilleres de América y representantes de países de América Latina y el Caribe ().

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VISIÓN CORTA

Si bien sus propuestas pueden ser justas y válidas, el presidente jamás podrá entender el dinamismo de hoy: su política exterior está anclada en el pasado, como la que rigió al priismo durante décadas que planteaba la autosuficiencia alimentaria, la no dependencia del petróleo foráneo y cero intromisión extranjera. Incluso, en el extremo de su ignorancia, considera que es el gobierno estadounidense el que aplica el bloqueo económico a Cuba cuando esa decisión está en manos del Congreso norteamericano desde… 1992.

En su ocurrencia de una Unión Latinoamericana, López Obrador quiere construirla a partir del principio de no intervención, exhibiendo su ignorancia de que las naciones que hoy conforman la Unión Europea tuvieron que ceder mutuamente sus soberanías a cambio de un mejor nivel de vida de su población y que atienden los ordenamientos de un ente supranacional que rige la política económica, social y judicial desde Bruselas y La Haya.

Sin entender el significado de una integración continental, el presidente quiere que el “bloque antiimperialista” latinoamericano parta desde la Celac teniendo como pilares a México, Argentina, Nicaragua, Bolivia, Venezuela y Cuba (Colombia, Uruguay y Paraguay e incluso Brasil dejaron en claro su nulo interés en el bloque). Bien haría López Obrador en leer al columnista Andrés Oppenheimer, quien recuerda que la Celac solo existe en papel, pues no tiene ni oficinas centrales, ni personal, ni financiamiento.

Del 21 al 30 de septiembre se llevará a cabo la 76 Asamblea General de la ONU, el máximo foro mundial y desde ahora es predecible que López Obrador promoverá su Unión Latinoamericana sin tener idea de lo que significa. Por cierto, el año pasado optó por usar este foro para hablar de la rifa del no avión ante los líderes del mundo. Así.

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