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No me gusta hablar de política. ¿Para qué entrar en polémica hablando de política si podemos hablar de la falta de ella?

Para la Real Academia Española, “política” es el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”, y según el Cambridge Dictionary, política son “las actividades del gobierno, miembros de las organizaciones formuladoras de leyes, o personas que tratan de influir en la forma en que es gobernado un país”.

Y Wikipedia, ese compendio de información en línea que vino a desplazar a las enciclopedias, apunta que “la política es el conjunto de actividades que se asocian con la toma de decisiones en grupo, u otras formas de relaciones de poder entre individuos, como la distribución de recursos o el estatus . También es el arte, doctrina o práctica referente al gobierno de los Estados”.

Yo subrayo eso, es un arte: diagnosticar los problemas de la comunidad, encontrar soluciones, negociar para ejecutarlas, administrar presupuestos, dar cuentas y responsabilizarse de los resultados. No cualquiera; se requiere vocación, conocimiento y capacidad.

De lo popular a lo populachero

Al ver a los candidatos que se perfilan ahora en los distintos partidos políticos (y es en todos, algunos más que otros), me queda claro que ninguno de ellos cumple con los requisitos para hacer política, y hacerla bien. Bueno, ni muchos de los políticos profesionales han demostrado tener esa capacidad.

 

Estoy convencida de que hay ciudadanos (politólogos, activistas y profesionales de muchas ramas) que harían un mucho mejor papel que un actor que vive de la gloria de un antiguo (y querido, eso sí) personaje bobo, chillón y quejumbroso, o que un luchador que (lo sospechamos) sube a un cuadrilátero a ejecutar una coreografía bien ensayada (aunque a veces haya lamentables fallas), o que un cantante o actor sin mucho éxito, o que un pseudoperiodista palero, o que …

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Vaya, basta ver la lista de personajes que se han inscrito como candidatos a puestos de elección popular para entender que lo que parecía un circo va que vuela para serlo realmente.

Candidatos "populares"
Gráfico tomado de Grupo Reforma

Los mexicanos no nos merecemos eso (ni lo actual ni lo de antes tampoco). Al buscar un puesto político, la premisa del aspirante debe ser servir a sus representados.

Lo que estoy viendo es que los partidos están apostando por los personajes “populares” (en el sentido de “que es estimado o, al menos, conocido por el público en general”, en definición de la RAE), para hacerlos candidatos “populacheros” que ganen curules, las calienten y levanten el dedo cuando se les indique. Un verdadero circo, les digo.

Definitivamente, no es lo que México, con sus muchos y graves problemas (de la pandemia ni hablamos), necesita.