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Cuando uno es joven tiende a enamorarse ciegamente, y crees que toda tu vida será feliz, para poder llegar al: “Y vivieron felices para siempre”. Tal como nos lo venden en todas las películas de fantasía o como en aquel canal mexicano de televisión abierta tan famoso, en donde incluso nos venden la idea de que si no eres feliz, o algo te falta, todo cambiará con solo encomendarte al santo que más sea de tu fervor, y no me mal entiendan,  este no es un escrito que busque reflejar en este momento alguna “idea atea”, sin embargo, ¿Por qué siempre se vendió la idea de que “debemos de cargar con la cruz que Dios nos dio”?

 Esta frase la aterrizo para todos aquellos “infelices matrimonios” en donde los golpes, los gritos y el “aguantar”se vuelve más un “acto de fe”, implorando que las cosas “algún día cambien”.

En este punto me detengo a reflexionar “¿Cambiar qué?”,vas a cambiar tú la forma en que idealizaste que sería tu vida con aquella persona que por algunos meses “conociste”o te darás cuenta de que todo aquello que no querías ver durante meses de relación, seguirá y no habrá marcha atrás.

Estoy segura que todos aquellos que se toman el tiempo de leer estos fragmentos, si estuvieran  en un auditorio, podrían levantar la mano, si se hiciera la pregunta: ¿Conocen a alguien que se casó por su domingo siete?

Mi siguiente cuestionamiento sería, ¿Y por qué creen que se casaron?… ¿A caso habrá sido el miedo y la crítica social o fue el eterno amor de algunos meses, inclusive un par de años?

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La siguiente pregunta que consultaría al público, ¿Quiénes después de su matrimonio “fueron felices para siempre”? No faltará la pareja que pretenda decir que sí, aunque no lo sea, o los silencios y murmullos que inunden el espacio, así como aquellos que desde un inicio de forma honesta buscaron hacer un camino juntos sin basarse en lo que es solamente “bien visto”.

Y es que entre los conceptos de lo  “bien visto” en el tema del matrimonio, había diversos aspectos a considerar, pues ejemplo de ello en el caso de la mujer, debía conseguir pareja y concretar su matrimonio antes de los veinticinco años, sino se convertía esta en una “cotorra”,y que hablar cuando se llegaba a concebir la llegada de un bebé fuera del matrimonio, pues aparte de atentar contra “las leyes de la iglesia”, la sociedad declaraba una sentencia de lo que se denominaba como “lo mal visto”algo que era realmente imperdonable ante una sociedad que exige la idealización de la pareja ejemplar, en donde había la presión de que si uno llegaba a salir con su “domingo siete”,la boda era la solución, convirtiendo un acto que se realizaba por amor y devoción, a un segundo termino, al volverse una obligación.

¿De esto cuál era el resultado?

Pues como las marcas que se añaden a nosotros con el paso de los años en nuestra piel, mejor conocidas como arrugas, lo mismo sucede cuando creces viendo los diferentes conceptos de matrimonio, ya que en la vida real, lo que sucede dentro de casa nunca se escucha, solo se comenta a espaldas de quienes no creen que se ventila entre opiniones lo evidente.

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Para continuar, si “los tiempos ya no son como antes”¿Por qué seguimos aferrándonos a lo “bien visto”, y no se busca  la felicidad mutua?… Y es que si no hay comprensión, amor y respeto, ¿Por qué continuar atado “al sacramento”?

¿Los tragos amargos los beberían por los siglos de los siglos “hasta que la muerte los separe”?

Aunque aparentemente mi cuestionamiento alude a que lo expreso de una forma “muy a la ligera”, y que incluso podría ser “un volado al aire”… ¿Por qué nunca dejamos la idea de que si algo no funcionó desde su inicio, se haga sufrir bajo la obligación a dos personas en el intento de que todo funcione como socialmente es “bien visto”?

Habrá quien diga, “eso ya no pasa, el divorcio existe y los matrimonios ya no duran como antes”, y yo argumentaría, tomar la decisión de un divorcio no es tan fácil, pero sí debería de ser necesaria, sobre todo cuando el daño supera las expectativas, dejo a su reflexión… ¿Será que antes aguantaban más los matrimonios por el miedo al “qué dirán”?

No espero ni siquiera la más mínima respuesta a mis cuestionamientos, porque a lo largo de los años he visto, conocido e incluso vivido en una familia donde el matrimonio no es la palabra que sea sinónimo de felicidad, solamente expreso que cualquiera que sea el camino de aquellas partes que integran una “familia”,se debería buscar el bien mutuo, y de vez en cuando no estaría mal cuestionar lo que es “bien visto”en un matrimonio.

Por Andrea Gómez.